viernes, 30 de diciembre de 2011

Saliendo del túnel (o eso deseo para todos)

A un día para que finalice el año, solo queda hacer un resumen de lo más destacado del 2011.


-Un año más que he estado sin trabajo remunerado.... pero he aprovechado para hacer cursos, me he presentado a una oposición y me he anotado en un montón de sitios (por si acaso).



-He vuelto a conducir... después de 14 años de carnet sin llevar nada que tuviese ruedas (salvo mi moto y la bicicleta, con el correspondiente esfuerzo de todo mi cuerpo). Todavía me queda soltarme en medio de las jaurías automovilísticas, pero de momento, en el añito que llevo de conductora de automóvil, he ido ampliando poco a poco mi "radio de acción".



-Este año he recibido dos regalos (materiales) que me han hecho muchísima ilusión: en enero un coche para mi uso y disfrute (eso de no tener que pedírselo a nadie y todo lo que conlleva, es una maravilla) y en mayo, un e-book, que junto con el descubrimiento de una maravillosa página de internet, llena mis horas de ocio de aventuras, historias y demás....



-He viajado a Madrid para visitar a una gran amiga y su familia. Después de 5 años sin vernos, ha sabido a poco, pero ha ayudado a ponerle el broche de oro al 2011. Esperemos que en el 2012 tengamos al menos una oportunidad para encontrarnos de nuevo.



-He pasado por varios bajones (de moral, de autoestima, personal, en lo marital...) creo que he tocado todos los palos. Y aunque la noticia positiva es que los he remontado, no puedo dejar de pensar que, por mucho que me esfuerzo, no puedo evitar todas esas cosas que me afectan tanto. Estoy convencida que moriré así.



-Mi "niño" ha cumplido diez años y casi está tan alto como yo. (Para él es un orgullo. Para mí... la constatación de que crece a pasos agigantados y que yo me estoy haciendo mayor)



-He tenido que hacerme a la idea de que, a mi pesar, no voy a ser madre otra vez. No está el horno para bollos, la economía no ayuda, mi edad tampoco y la paciencia de mi marido... menos. Es de las decisiones más duras que he tomado este año. Todavía no me la creo de todo, pero ya es más realidad que otra cosa.



-Voy a ser tía de nuevo en el 2012. (Esto compensará y hará más difícil el punto anterior). Tendré la oportunidad de disfrutar de un bebé en sus momentos buenos y podré evitar los malos. (Habrá que verlo así-mente positiva)



-He bordado muchísimo. (Una pequeña muestra):
























-He tomado muchos cafés y charlado muchísimo con gente que forma parte de mi círculo especial. Y después de este año tan accidentado, ha escalado puestos en mi ranking personal.


Y muchas otras cosas que se me olvidan y otras tantas que quiero evitar recordar.



Tenemos ahí 366 días por delante para estrenar. Esperemos que la balanza se incline por el lado de las sonrisas y deje descansar al de las lágrimas, porque ya estamos cansados de llorar.



Cuidado con las uvas. Y el deseo... pronunciarlo con todas las fuerzas de vuestro corazón.


Nos vemos en el 2012.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Que estas fechas generen recuerdos dignos de mantener en nuestra memoria y que el nuevo año venga cargadito de oportunidades para mejorar, aprender, crecer y encontrar ese trabajo que nos ayude a llevar mejor el día a día.

Mis mejores deseos para tod@s los que me acompañáis en mi pequeño rincón.



¡¡¡ FELIZ NAVIDAD!!!

jueves, 15 de diciembre de 2011

Acortamos distancias... acercamos personas

(Imagen tomada de google imágenes)

Ya estoy de vuelta. Tanto esperar por el día y se ha esfumado en un par de parpadeos. Si vuelvo la vista atrás, incluso barajo la posibilidad de que todo haya sido un sueño.




Lío de maletas, qué llevar, dosificar, preparar los regalos para todos, no dejarnos nada atrás... emoción al meternos en el coche y empezar a andar el camino...




Han sido 50 horas extraordinarias.




La persona que bajó a Madrid no es la misma que ha subido a Galicia. Llevé la maleta llena de tristezas, desesperanza y preguntas y me la traje a rebosar de cariño, de ilusión y nuevos recuerdos.




El viaje fue bien, dentro del contexto, ya que viajamos de noche y la verdad es que hubo zonas en las que la niebla era densa y en otras, sobre todo en Ourense (para que no se nos enfade nadie) llegamos a tener -3 grados, con el consiguiente riesgo de hielo en la calzada.




Pero llegamos. Justo para el desayuno. Tempranito, cuando todavía el pueblo no se había despertado. Y a partir de ahí... el tiempo empezó a volar, a volar....




Me recibió un abrazo de ésos de contacto pleno, de no dejarte escapar, de bienvenida a casa, de cómo te he añorado, de descarga eléctrica sin toma a tierra. Un abrazo con todo el significado que puede tener el contacto entre dos personas que se quieren. Solo ese detalle hizo que mi batería se cargara a los topes. La sensación de estar en tu hogar, con tu gente, me invadió. Y nunca me sentí tan feliz de haber tomado la decisión de hacer el viaje. Tenía que estar allí. Lo necesitaba.




El resto fue rodado. Se despertaron los niños y el primer miedo a que se notaran muy cambiados o que se sintieran incómodos al tener que relacionarse, sí o sí, desapareció tras el primer minuto de estar juntos. En aquellos dos días que pasamos allí, no tuve hijo. Se pasaban el tiempo pegados, hablando, riendo. Me recordaba a las veces que yo había estado en aquella casa, siglos atrás, con los hijos de los dueños, y nuestras carcajadas y bromas inundaban la casa.




Tuvimos tiempo de calidad. Pudimos hablar, recordar, compartir anécdotas, mirarnos y ver fotos, muchísimas fotos... Paseamos, no hicimos nada, disfrutamos de cada minuto. No recuerdo la última vez que estuve dos días tan desconectada del mundo, sin prestar atención a la televisión, noticias e incluso internet.




Tuve la oportunidad de estar con una persona especial para mí a la que hacía 6 años que no veía. Por fin pudo encontrar un hueco en su apretada agenda para vernos y al final estuvimos juntos los dos días. Es increíble comprobar que a pesar de que la vida nos ha cambiado tanto y ahora las responsabilidades nos hacen ser diferentes a como nos conocimos, pudimos ver que estando juntos, volvíamos a descubrir que aquella parte de nosotros seguía ahí, debajo de las responsabilidades, las arrugas, las preocupaciones y obligaciones de la vida diaria.




Paseé por un pueblo muy cambiado e igual al mismo tiempo. Era una sensación extraña. Me crucé con muchísima gente para la que yo era una desconocida, una guiri, pero que para mí los desconocidos eran ellos, porque me sentía en mi pueblo. Yo había estado allí mucho antes que ellos, muchas veces. Je,je,je... eso te da un poder especial, estoy segura.




Descubrí el scrapbooking. ArTe, simplemente. El como una fotografía especial se convierte en algo inolvidable con su propia historia adornada con tu imaginación. Hay que tener un don.




Tras las fotos de rigor de grupo, con caras raras de los más pequeños y las poses de los adultos para intentar quedar decentes, todo se acabó.




Lo peor, lo más temido, la despedida. ¿Cómo despedirse de alguien que quieres tanto y que vive tan lejos? Porque son 630 km., y aunque parece solo una cantidad, detrás esconde los compromisos, el trabajo, el gasto que supone trasladarse, el colegio de los niños... y aunque ya hemos estrenado el esperado AVE en Galicia, de momento seguimos sin el servicio en Pontevedra (somos los renegados del Sur) que nos comunique con la meseta.




Nos prometimos no dejar pasar otros cinco años hasta el próximo encuentro. Y aunque sepamos que va a ser complicado, la promesa hecha con el corazón siempre se acaba cumpliendo.




El viaje de vuelta fue tranquilo. Disfruté del paisaje que en la ida estaba oculto tras la oscuridad y tuvimos momentos alucinantes de arco iris dobles que iluminaban los campos multicolores.




Había olvidado lo espectacular que es toda esa zona. Hecha de remiendos marrones, dorados, ocres... con tanto encanto. Y castillos aquí y allá, cuevas y rebaños enormes que dejaban a mi peque con la boca abierta.




La lluvia nos dio la bienvenida a casa. ¿Podía ser de otra forma? Y aunque venía encantada de lo que acababa de ver, mi vista se alegró al saltar de tonalidad en tonalidad de verde y dorado de mi tierra.




He estado todo este tiempo acomodándome a la rutina. Todo ha vuelto a su sitio y la tranquilidad ha vuelto a entrar en mi vida. Ya no siento agobio ni tristeza, pero a pesar de haberlo superado, soy consciente de que necesito el contacto con determinadas personas para cargar las pilas. Y aunque cumpla años y gane en experiencia, yo sola no soy nadie. Necesito gente a la que querer, a la que dedicarme, con la que ilusionarme. Y notar que soy correspondida. Con eso (con todo eso) puedo afrontar lo que sea.




Ahora estoy ocupada. Las navidades están a la vuelta de la esquina. Hemos aprovechado para realizar las compras pertinentes. Pero algunos regalos los estoy haciendo yo. Para ahorrarme unas pelillas, para hacer algo diferente, personalizado... y porque el bordar es mi toma a tierra. Por ahí suelto lo malo y entra la energía positiva.




Es por eso que tal vez esté un poco ausente hasta que lo acabe todo. Pero volveré. Porque me gusta estar por aquí, me hace bien y me ayuda a ver las cosas desde otro ángulo (además de conversar con gente que tengo olvidada, lo sé, Juan).




Estoy aquí. Feliz, consciente, viva.




Muchas gracias, cariño, por obrar el milagro de volver a creer.


Nunca tuve el corazón con más cabeza,
va silbando, va soñando, pero va,
con latidos de repuesto en la maleta
ni se rinde, ni se queda cerca,
de lo que más se parezca
va, va colgando a mi costao'.

Va tirando lo que duele y lo que pesa,
va sembrando lo que quiere y lo que da,
va pintado en una sola pieza,
dentro de un rompecabezas
va, va cosido en tela, viento en popa a toda vela
va, va colgado a mi costao'.

Este corazón me queda como un guante,
ni muy chico ni muy grande,
a medida, tengo un corazón 'de sastre'',
con la cordura sin cobertura
para de hoy en adelante, va, va.

Sin prisa, sin freno,
con parches pero entero,
colgando de un hilo
con remiendos pero vivo.




(Rosana Arbelo-Como un guante-¡Buenos días, mundo!)