viernes, 25 de noviembre de 2011

Aprender a quererse otra vez

Por fin se acaba. Es viernes. Atrás queda una semana larga, intensa, llena de reproches, acusaciones, dudas, desconfianza y dolor. Han sido días de meterse dentro de uno mismo, recapacitar, meditar mucho, valorar lo que se pierde, lo que se tiene, lo que se quiere conservar. Decidir si es solo una discusión, un bache, si tiene arreglo, si lo quiero arreglar, si mi actitud es la adecuada, si puedo permitir que me traten de esa forma, si merezco sentirme así como me siento.


Mi burbuja esta vez no ha resistido la embestida, porque esta vez no ha podido rebotarla a tiempo ni con la fuerza necesaria: ha venido desde dentro. Y casi explota. Ha estado a un "tris". Ya he llorado de impotencia, de rabia, de incomprensión.


También he hablado con mi amiga. Ha estado ahí en cada momento. Nos hemos desahogado, hemos vaciado el corazón. Nos hemos permitido echar pestes contra esa especie humana que nos ha tocado aguantar y que no podemos (ni queremos) vivir sin ellos: los hombres (nuestros hombres).


Y seguimos. Como después del temporal siempre llega la calma, ahora estamos empezando a ver de nuevo un poquito de azul al frente. Y no está mal, sobre todo después de tres días de borrasca cerrada.


Lo peor de estas situaciones es que me hacen sentir inútil, poca cosa. Me hunden en la duda y mi autoestima se esfuma ¡plof! dejándome hecha una mierda. Y cuando siento que no me quieren, que no me aprecian, yo tampoco lo hago. Y es una cadena.


Pero ayer en medio de la tormenta, me llegó un correo de una amiga a la que veo muy de tarde en tarde. No tenía ni idea de lo que estaba pasando, pero sus palabras me han hecho salir de mi agujero y plantearme que sí existo para los demás, he sentido su cariño y eso ha activado mi interruptor de "BASTA YA DE AUTOCOMPASIÓN".


Esta mañana al encender la radio, ha sonado Ella, y me ha hecho sonreir. Y el cielo está un poquito más azul que ayer. Y empieza el fin de semana. Todo empieza a canalizarse otra vez.

No paro de tararear su canción. Quiero creérmela.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Diálogo-colaboración.




Bridge from Ting on Vimeo.


Y que cada uno lo interprete como quiera.


miércoles, 16 de noviembre de 2011

De mi época de estudiante conservo datos y conocimientos que se me quedaron anclados en la memoria de una forma permanente. Da igual que no vaya a usarlos en la vida, o que sean simples curiosidades, el caso es que decidieron grabarse a fuego por el mero hecho de haberme llamado la atención por una razón determinada.


Así como otras cosas más útiles y necesarias que no salen ni a la de tres cuando las necesito, estas pequeñas "historietas" salen a la mínima de cambio, como si estuviesen en la línea de salida preparadas a escuchar el pistoletazo que las lance al exterior.


Siempre me ha gustado la asignatura de Historia y lo que antes llamábamos Naturales (que ahora ha pasado a ser todo uno con Conocimiento del medio. El funcionamiento del cuerpo humano, sus mecanismos de funcionamiento y reacción me han asombrado siempre tanto, que la mayoría de aquellas láminas que teníamos que estudiarnos permanecen todavía en mi retina.



Una de las partes que siempre me ha caído simpática es la del oído. Tan chiquitina, tan apelotonada, con sus formas tan características y nombres tan fáciles y simpáticos de recordar.... Y pensar que, además de servirnos de medio de comunicación con el exterior (juntos con el habla y la vista) también posee el sentido del equilibrio... es impresionante.


Yo debo tener algún problema en ese mecanismo, porque mi equilibrio no va todo lo bien que tendría que ir (y no me refiero solo al físico, que últimamente me está dando un par de sustillos). Estoy hablando del emocional. ¿Lo controlará también el mismo dispositivo? ¿Habrá algún botón o alguna tuerca en el que lo podamos ajustar según la necesidad del momento?


Suelo ser una persona activa y optimista, alegre, siempre animando a la gente. Pero algo debe pasar en mi vaso conductor de los líquidos internos del oído para que, en un segundo, todo se desequilibre y me encuentre en la cuerda floja, con la mirada nublada, el corazón oprimido, con ganas de tirar la toalla y sin nada en el horizonte que me anime a tirar hacia delante. Y una vez que toco fondo, siempre hay un reajuste que lo vuelve todo a su sitio otra vez y la mirada se vuelve limpia y casi rosa, el corazón bulle de ilusión y no me llegan las horas del día para hacer todo lo que mi cabeza me propone.


Menos mal que todo esto lo suelo solucionar yo sola, prefiero pasar el bache en soledad, vaciarme por dentro si es necesario, sin darle explicaciones a nadie de porqué me siento así, ya que ni yo misma puedo explicarlo. Simplemente surge, y me siento tan mal por no ser realista con mi situación, que me acabo machacando por quejarme sin razón.



Soy complicada. Demasiado emocional. Demasiada importancia con las cosas pequeñas. Mi vaso no es tamaño estándar, debe ser como una piscina olímpica donde me ahogo cuando el equilibrio me falla.


Menos mal que sé nadar (o al menos floto)




¿Y a qué viene todo esto? Pues a que he superado aquellas dos semanas de locura. He conseguido superar el examen al que me presenté (de 66 personas, aprobamos 20 y quedé entre las 10 primeras). Viendo los números podría decirse que no está mal, sobre todo después de la sorpresa que nos dieron con la prueba práctica, pero como en este mundo para trabajar no es suficiente con esos datos, sinó que tienes que ser la número 1... pues tendré que conformarme con estar en la lista de reserva.


A las listas de sustitución que quería anotarme ya está casi solucionado. Documentación entregada y sorpresa de última hora: por haber participado en oposiones a administraciones públicas, dan 1 punto (que en este caso es muchísimo para ascender en el ranking de los más vendidos) y gastando el último cartucho, me decidí a llamar al ayuntamiento al que fui la semana pasada al examen y tuve la infinita suerte (existe, de verdad) de hablar con una persona encantadora que me facilitó desde el primer momento el poder conseguir una certificación para presentar en mi ayuntamiento. (Para que luego digan que los funcionarios no se toman en serio su trabajo).



Este año fue el primero en el que mi peque salió en la noche de Halloween, o Samaín, o como quiera llamarlo cada uno. Decidió que le apetecía salir con sus amigos, disfrazarse y probar suerte pidiendo caramelos por las puertas. Y aunque todo fue muy precipitado y casi nos quedamos sin disfraz (cosas de hombres, dejarlo todo para última hora), de pasar un día de perros con el agua al cuello y sin trazas de parar... a última hora de la tarde alguien se apiadó de nosotros y decidió cerrar la llave de paso de las alturas y nos dio dos horas de margen para que los niños pudiesen salir a callejear un poco. Fue todo un éxito de participación y logro de botín. Todos los vecinos tenían algo para los niños, que llenaron sus bolsas enseguida. Era una aventura estar fuera de noche, tocando timbres y poniendo voces de ultratumba mientras los padres los seguíamos a una distancia respetable (ni muy cerca para que nos sintieran pequeños, ni demasiado lejos para no perderlos de vista).


De recuerdo, una foto terrorífica.


(A mi peque le encanta. A mí me sorprende ver cómo puede transformar la cara de esa forma. (Siendo tan mono (modestia de madre aparte) ¿cómo puede salir tan feo?)



El cumpleaños de mi hijo también fue un éxito: lo celebramos el mismo día de su nacimiento, (el 12), acudieron casi todos sus compañeros, no llovió, no hizo frío, todos participaron en los juegos y disfrutaron muchísimo. Hubo muchisimas fotos, risas, comida... y el chocolate con churros fue todo un acontecimiento.


Que no hay queja, diría yo para cerrar. Pero supongo que el bajón se debió a toda la tensión acumulada y al alivio de comprobar que fui capaz de llevarlo todo a término sin dejarme nada por el camino.


Ahora estoy "vacía" y buscando otro reto que completar o algo que me llene mientras sigo caminando.


Y mientras, sin desesperar, intento localizar la llave de paso de mi equilibrio para ajustarlo un poquito más.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Motivación

Ya estoy de vuelta. Diversos compromisos y aspiraciones me han tenido ocupada estas últimas semanas. Eso no ha evitado que me haya pasado por los rincones que habitualmente sigo, pero sí que pudiese disponer de unos minutos para dedicárselo al mío propio.



Suele pasar: ya lo dice el refrán "En casa de herrero, cuchillo de palo". Pero como no hay mal que cien años dure, poco a poco he ido liquidando los compromisos y a día de hoy, solo tengo pendiente uno, el del próximo sábado.



Cronológicamente hablando, empecé liándome la manta a la cabeza con un puesto de trabajo que ví publicado. Opción de un contrato de 12 meses, en la administración pública, con examen práctico y méritos para acceder a la plaza... parecían todo ventajas. ¿Inconvenientes? Que estaba a 60 km. de donde yo vivo, que el horario posiblemente sería de tarde, incluída la mañana del sábado, lo que supondría tener que echar mano de alguien para que me llevase al niño a las actividades semanales a las que está anotado... no sabía qué materia tenía que prepararme para el examen práctico... pero nada de eso bastó para frenarme en mis ansias de "probar a ver qué tal". Hablé con dos amigas y allá nos lanzamos las tres locas inconscientes cual "Thelma y Louis".



El lunes nos pegamos el madrugón. El examen era a las 8:30 de la mañana, pero para llegar tuvimos que salir una hora antes (con el consiguiente madrugón, el dejar al peque listo, anotarlo al comedor... en fin, lo que hacemos las madres para tener todos los cabos bien atados). Me había pasado las dos semanas anteriores desempolvando todos los manuales de Microsoft Office que tenía para repasar hasta los detalles más nimios y poder hacer un examen decente y que no me pillaran por sorpresa.



¡Ja, ja,ja....! Sigo siendo una inocente. La prueba consistió en redactar una carta a mano, traducirla al gallego y contestar un par de preguntas de lo más irreales.



¿Y para eso pierdo mi tiempo estudiando? Pues sí. Porque independientemente del resultado (que todavía no lo sabemos) al menos tengo la conciencia tranquila de haberlo intentado y haberme motivado para conseguir algo.



Hoy me he pasado la mañana de mostrador en mostrador, haciendo fotocopias, solicitando certificados... todo para poder anotarme en unas listas de sustitución que tal vez nunca lleguen a llamar a nadie pero... ¿y si sucede? ¿Y si.... y si?....



Dos semanas pendientes del satélite Meteosat, del Wind gurú, de Meteogalicia, de las supersticiones y tradiciones populares.... para organizarle el cumpleaños a mi peque (YA SON 10 AÑAZOS)... y poder hacerlo al aire libre y con todos sus amigos. Y que sea un día que todos puedan, que no haya actividades, que no llueva... y que encima coincida con su fecha real de cumpleaños y que sea en fin de semana, porque los abuelos quieren venir, y que su papá no trabaje, y que... y que....



La manta la tengo totalmente enrollada a la cabeza. Ya me da todo igual. ¿Que el examen no ha sido lo que esperaba? No pasa nada. ¿Que tal vez llueva el día de su cumple? Pues nos mojaremos, pero eso no impedirá que cumpla sus 10 años y que sus compañeros y todos los que lo quieren estén allí para compartirlo con él. ¿Que las listas a las que me apunto tal vez no lleguen a llamarme? Ya ha pasado otras veces.



Lo importante es que sigo teniendo lo que me importa a mi lado. Gente que se preocupa por mí, me quiere, me mima. Gente por la preocuparme, que me motiva, que me inspira, que me hace sonreir.



Hoy mi hombre cumple 40 años. Y como no podía ser de otra forma, ayer me tocó correr bajo la lluvia buscando ese regalo perfecto para que hoy el peque tuviera algo que darle a su papá. Y se lo dará por la noche, cuando llegue del trabajo.



Las pequeñas cosas son las que me mueven, me obligan, me ilusionan, me cargan las pilas, me emocionan, me hacen sonreír, llorar, carcajearme y disfrutar. A todo eso se le llama vida. Y espero que dure mucho tiempo más.



Para seguir hacia delante solo hay que buscar una buena motivación. Y la mayoría de las veces está donde menos lo esperamos.