miércoles, 28 de septiembre de 2011

Hoy soy Otoño.

Me he despertado con sensación otoñal. Ha sido despacio, relajada, sonriendo. Tal vez mi expresión venía causada por haber soñado con él esta noche. Fue agradable volver a vernos aunque fuera en sueños. Pude percibir de nuevo su mirada y sentir su cariño. Mi "hermano pequeño". Durante un rato tuvimos nuestro momento en nuestro mundo. Allí nació mi sonrisa.

Tal vez fue el sonido de la lluvia golpeando la ventana. Tras una temporada de tanto calor, el fresquito y la intimidad del agua me hace sentir bien. O tal vez fue contemplar tu mirada curiosa observándome mientras me despertaba y tu voz preguntándome el porqué de mi sonrisa mañanera.

El caso es que hoy me siento bien. Nada me presiona. El tiempo va más despacio. Las sensaciones están a flor de piel pero no me hacen daño. He disfrutado muchísimo de la mañana. Llovía ligeramente, mojando pero sin empapar. Me gusta la sensación de mezclar ropa ligera con cazadora, pasear bajo la lluvia...

Hoy había quedado con mi amiga para tomarnos un café y charlar un poquito. Decidí desplazarme en moto. Es una gozada ir en moto y sortear los atascos, mojarte suavemente y escuchar el eco de tu voz dentro del casco. (Sí, voy cantando cuando conduzco. Lo bueno de ir en moto es que cuando los demás se dan cuenta del sonido ya estás lejos para que te conozcan, je,je,je...)

Nos fuimos de compras. Tenía un regalo pendiente de acabar. Buscaba una cajita a la cual pegarle un bordado que había hecho. Y encontré justo lo que estaba buscando. Mejor aún de lo que yo me había imaginado. Me encanta cuando las cosas salen de forma natural. No nos llevó mucho tiempo, eso fue lo mejor, porque así pudimos dedicarle más tiempo al café.

De regreso a casa iba ya pensando cómo acabar el regalo. Y no me pude aguantar, claro. La paciencia no es lo mío. Me puse manos a la obra nada más llegar.

Elegí un cd y mientras sonaba de fondo me puse a coser. Y lo mejor de todo es que a pesar de que las canciones que sonaban tenían mucha historia detrás, todas me hicieron sonreír.

Me siento otoño. Me siento serena, calmada, segura, aposentada. Me siento orgullosa de tener recuerdos y conservar el cariño por personas que han pasado por mi vida y me han aportado cosas. Es igual que ya no estén, que ya no sea lo mismo o que ya no nos hablemos. Las sensaciones perduran en brochazos burdeos, marrones, ocres, verdes... pintando cada rincón de mi memoria.

Estoy feliz pero contenida. Me gustaría guardar las coordenadas del día de hoy para recuperarlas cuando quisiera.

Tal vez el secreto esté en volver a soñar contigo. O simplemente sea la magia del otoño.


Por cierto... la cajita al final ha quedado así:



jueves, 22 de septiembre de 2011

Bicicleta, cuchara, manzana

Ayer fue el día mundial del Alzheimer, esa plaga que nos asola en forma de soledad y pérdida de recuerdos, que nos arrebata la vida sin ninguna piedad ni consideración por su parte. Hay muchas posibilidades de que la mayoría acabemos sufriéndola, si no es directamente, sí a través de un familiar. Y lo malo es que todavía no hay cura.



Por desgracia puedo dar mi opinión a través de una experiencia muy directa y dolorosa. Hace siete meses y medio que mi abuela materna nos dejó físicamente. Recalco esto último porque ella nos abandonó mucho antes. Y eso fue lo que peor llevaba.



Mi abuela siempre fue una persona muy alegre, inquieta y dicharachera. Era bajita, delgadita y muy nerviosa. Tuvo una vida muy dura. Se quedó viúda muy joven y aunque sus hijos ya estaban criados y la mayoría tenía sus familias formadas, eso no quita que le costara tirar para adelante sin su compañero de camino.



Durante mucho tiempo vio el mundo a través de sus cataratas. Recuerdo que los cristales de sus gafas eran tan gruesos que sus ojillos parecían dos puntitos negros. Cuando por fin se decidió a acudir al médico y la operaron con éxito, un nuevo paisaje se abrió ante sus ojos.



Era la típica persona independiente. Una vez que acababa sus tareas, se lanzaba a la carretera a caminar. No se cansaba nunca. Una vez se le metió entre ceja y ceja que quería ver a su hija y se puso a caminar sin parar hasta llegar a nuestra casa, situada a 4 km. de la suya.



De una manera especial estábamos unidas. De hecho nos separaba solo un día en la fecha del cumpleaños, el 27 y 28 de febrero.



No sabemos exactamente cuando empezó todo. Creo que el desencadenante fue la muerte de su hermano, que desde que se había quedado viuda, vivía con ella para hacerle compañía. A partir de ahí, todo fue cuesta abajo.



Empezó ignorando lo que había pasado. No hablaba de su muerte. Para ella no había sucedido. Luego empezó a confudir los nombres y a tener despistes, a perderse cuando se iba a la iglesia...



Luego ya todo parecía una bola de nieve cuesta abajo: no nos conocía, o nos confundía con otras personas (a las nietas con sus hijas, por ejemplo), pero seguía conservando su buen humor. Seguía metiéndose con nosotros como lo había hecho siempre y gastaba bromas a menudo. Había días buenos en medio de la niebla. Entonces volvía a recordar y mantenía conversaciones coherentes. Pero los malos eran horribles.



Y de pronto un día dejó de hablar. Sólo movía la cabeza para asentir o negar. Cuando venía a comer a casa de mis padres yo siempre me sentaba a su lado, y aunque no me conocía, al menos el nombre, cuando le cogía de la mano y le miraba a los ojos notaba que ahí se producía una conexión. Le encantaba que le dieran mimos.



Pero todo se acelera. Se negaba a comer. No quería moverse. La mirada empezó a perder su luz y estaba perdida Dios sabe dónde. A partir de ese momento para mí se había muerto. No estaba. Sólo veía el envoltorio. Ella se había ido. Era muy doloroso contemplarla. ¿Dónde estaba aquella mujer que daba tanto juego?



El día de su muerte me alegré. Puede sonar mal dicho así, pero sentía que por fin estaría bien, ella y toda su familia. En el entierro nos juntamos todos y el pensamiento que me asaltó justo antes de despedirla fue:


-Caramba abuela, menos mal que eras pequeñita y poca cosa. Mira todo lo que has creado a tu alrededor. Nueve familias con sus hijos y algunos nietos la estábamos despidiendo.



Ayer tuve la oportunidad de ver el documental que da nombre a la entrada de hoy. Excuso decir que lloré a mares porque estaba viendo todo lo que habíamos vivido (y eso que solo muestran las partes "amables" de la enfermedad). Espero que pronto haya una solución para este mal, porque lo peor que le puede pasar a una persona es no saber quien es, lo que ha vivido ni reconocer a la gente que quiere.



Los recuerdos somos nosotros. Si nos los arrebatan no nos queda nada. Es el único consuelo que nos queda cuando ya no nos queda nada.



Allá donde estés, abuela, espero que sigas sonriendo.



miércoles, 21 de septiembre de 2011

Retorno al feudalismo

Podría estar durmiendo a pata suelta, aprovechando que hoy no tiene que madrugar el peque. Pero no, claro, ¿cómo va a ser eso? Mi "patata" se encarga de darle vueltas a las cosas, de retorcerlas... como si eso fuese a solucionar algo. Y mientras no dejo de dar vueltas en la cama.


Al final he decidido levantarme y soltar todo eso aquí, verterlo en forma de masa deforme e intentar modelarla para que dejarla presentable. Pero no, claro, antes tengo que ocuparme de la pobre gatita que hoy se ha levantado vomitando y no para de correr por casa.


Estamos de huelga. Hoy hay "jornada de brazos caídos". Siempre hemos pasado por esos días. Cuando estaba en el instituto hubo una temporada que no salíamos de las huelgas. Y nosotros encantados, claro. Gente de 15 años recién aterrizada en un lugar lleno de "mayores", más libertad, un mundo nuevo... les dejan tiempo libre para reunirse y jugar a las cartas (aquellas partidas eran multitudinarias) y encima tenías que ir al centro porque la huelga era de los profesores.



Más tarde nos pilló lo de la invasión de Irak. Ahí nos lanzamos todos a la calle a cortar el tráfico. Era emocionante. Y perdíamos clases. En ese momento no pensábamos si teníamos razón o no, si estábamos perdiendo tiempo valioso, si luego se echarían los exámenes encima y tendríamos que hincar más los codos para estudiar... vivíamos el momento. Nos apuntábamos a lo que fuera.


Pero ahora nos estamos jugando el no volver a la Edad Media. Si nos dejamos pisotear, los derechos de nuestros niños dejarán de existir. No tendrán oportunidad de ser lo que ellos quieran porque si suprimen la educación pública, muchas familias no se podrán permitir pagarle los estudios al "cerebrito" de la familia. Tendrá que conformarse con lo más barato que se imparta cerca de su pueblo o directamente de cabeza a trabajar (eso con suerte de que haya algo). Empezaremos a crear una generación de personas insatisfechas, enfadadas y esclavas del sueldo simplemente para poder subsistir. ¿En qué se convertirá nuestra sociedad?


Ya cursando una carrera que realmente nos llene no evitaremos tener días malos en el trabajo, cuanto más si no hay motivación ni siquiera para levantarse cada mañana.


Hace poco presumíamos que ahora muchísima gente accedía a estudios universitarios. Tener a alguien en la familia estudiando en la universidad te llenaba de orgullo (aunque no todos sabían aprovechar la oportunidad, claro). ¿Y ahora? Empieza a sobrevolarnos el pájaro del miedo cuando se oyen rumores de que sería mejor valorar los ciclos y grados que no siendo obligatorios son gratuítos y que deberían no serlo.... ¿Están tirando un globo sonda para ver si nos enteramos o directamente ya nos están avisando?


Si unimos todo esto al nivel con el que nuestros niños están saliendo de la ESO... no es para tirar cohetes.


Acabaremos retornando a la Edad Media. El hijo del zapatero aunque es buenísimo tallando madera, tendrá que seguir claveteando zapatos. Y seguirán ascendiendo los mismos, los que sus papás tienen dinero para cubrirle todos los gustos y vicios, aunque para ellos el estudiar no signifique nada más que relacionarse con gente de su status.


Si tendré que creerme que los artículos de la Constitución, los que forman el capítulo de derechos y deberes de los ciudadanos, están ahí simplemente para que los tengamos que estudiar y chapar cuando nos presentamos a oposiciones, ya que visto lo visto, lo único que se está haciendo en centrarse en las obligaciones.


Estoy muy cabreada. No se puede jugar así con el futuro de nuestros hijos. La educación y la sanidad son los pilares de la sociedad. Y se la están cargando. Acabaremos enfermos y sin trabajo. ¡Vaya esperanza de futuro!




Apoyo a los docentes. Apoyo la educación pública. Apoyo el futuro profesional de mi hijo y sus compañeros.



Y después de soltar todo esto... sigo sin poder dormir.





lunes, 19 de septiembre de 2011

Desde que me enteré de la noticia, la mala noticia, estuve dándole vueltas a mi cabeza para encontrar palabras, las mejores, las adecuadas, que te hicieran llegar mi dolor por tu pérdida y hacerte saber que te acompañaba de nuevo, que mis lágrimas querían aliviar parte de tu dolor y que mi corazón estaba latiendo al compás del tuyo.


Intentaba ponerme en tu lugar, imaginar el sentimiento que te embargaba para así comprenderte e intentar ayudarte a pasar este momento, pero era tan desmesurado el dolor que sentía con solo cerrar los ojos, tan profundo el vacío que tenía en mi interior, que creía imposible ni siquiera imaginar lo que tú estabas pasando.


Porque… ¿qué se le dice a una madre que ha perdido a su bebé? ¿Cómo se consuela a una mujer que no ha podido conservar la vida que guardaba en su vientre? ¿Qué palabras son las adecuadas para una amiga que ha vuelto a vivir la pérdida de su mayor tesoro?




No las conozco. Simplemente intenté esbozar un par de frases sinceras y allá se fueron hasta ti cruzando el ciberespacio. Pero los besos no saben igual.


Es por eso que cuando hoy nos cruzamos, sin esperarlo, el corazón se me paró en el pecho y las palabras se negaron a salir. Me miraste con esos ojos dulces que tienes y esa sonrisa que intentaste sacar y ya no pude resistirme. Tal vez mi abrazo te pilló por sorpresa, allí en pleno parque infantil, pero era el único lenguaje que podía compartir contigo sin echarme a llorar.


Un par de frases simples: (-Hola cielo, ¿cómo estás? -Cuánto tiempo, me alegro verte.) encerraban un millón de palabras que no hizo falta pronunciar. No necesitamos decir nada más.


Y cuando el no saber qué hacer intentaba colarse entre las dos, quiso la fortuna que nos interrumpieran evitando que dijéramos algo que nos hiciera desfallecer.


Simplemente quedamos para otro día, en otro lugar más apropiado donde poder hablar, como quien no quiere la cosa. Pero la conexión se activó entre las dos.





Los amigos son ángeles que te levantan cuando tus alas han olvidado volar.
Ten por seguro que ahí estaré mientras las tuyas no vuelvan a remontar.




jueves, 15 de septiembre de 2011

Sembrando estrellas

No pares de sembrar estrellas, aunque a simple vista no se vean.


"Vivimos en un mundo en el que nos
escondemos para hacer el amor...
pero la violencia se practica a plena luz del día"

John Lennon

lunes, 12 de septiembre de 2011

Inicio

Ha pasado el fin de semana y no se ha hecho notar. Y me alegra comprobarlo. Después de pasar unos días de tensión y preocupación, por fin las aguas vuelven a su cauce. Es por eso que nunca un fin de semana tan tranquilo me ha parecido tan especial.





El viernes por la mañana lo dedicamos a llenar la nevera, acción imprescindible para mantener la salud física y mental de los habitantes de mi hogar, pero que no me gusta nada hacer, y no sólo por lo que supone un asalto a la economía familiar, sinó porque el planear las comidas de toda la semana y adelantarse a los deseos de dos personas... es complicado.





Por la tarde nos fuimos mi peque y yo a dar una visita a mi abuela. Hacía dos semanas que la habían ingresado en el hospital para una operación de urgencia y desde entonces no había podido verla. Me encantó verla allí, con su carita totalmente descansada, relajada, con su mantita y rodeada de cariño, hablando de lo bien que la habían cuidado, lo bien que había comido... es un cielo de persona, siempre ahí, tranquila, sin querer dar trabajo, como queriendo pasar desapercibida.





El sábado por la tarde tocó parque. Mi peque volvió a reencontrarse con algunos compañeros del cole y las mamás aprovechamos para "arreglar un poco el mundo" entre todas. Compartimos miedos y también nos animamos mutuamente. Incluso se comentó la posibilidad de montar un negocio... si cuando nos ponemos....



El domingo comida familiar, conversación distendida, intercambio de opiniones y luego sofá y peli. Mientras mis hombres se entretenían cada uno con sus aficiones, a mí me dejaron solita viendo "Un paseo por las nubes" mientras acababa mi última obra:


La foto es malísima, pero se distingue lo que es, o lo que pretende ser, porque todavía le falta poner el marco para que se convierta en un cuadro para la habitación de un bebé que nacerá el mes que viene.



Durante este verano he bordado mucho. Como soy incapaz de estar con las manos quietas, me he dedicado a bordar. De ahí han salido camisetas, marcapáginas, cojines, una bolsa para pañales e incluso una funda para mi e-book. (Me he vuelto loca para colocar las fotos ordenadas y atractivas a la vista, casi he tardado más en subirlas y desplazarlas que en bordar las camisetas, por lo que me niego a subir más. He puesto las que más me gustan)




















Una compañera me ha dicho que por qué no me dedico a ésto, pero no es tan sencillo. Todo lo que he bordado hasta ahora ha sido para regalar (menos unas camisetas que me regalado a mí misma y una para mi peque), pero nunca me ha surgido la oportunidad de bordar cobrando. Aunque se aceptan propuestas, por supuesto.



Ahora mismo voy a empezar una bolsa ecológica para una amiga que está de cumple en octubre y que creo que le gustará mucho ya que he elegido cuidadosamente el dibujo para ella. Tiene un significado especial, por lo que sé que ya tengo algo ganado.



Y entre bordado y bordado, o estiramiento de brazos y espalda... pues leo... o veo películas... o mimo a los míos... todo lo necesario para vivir con un poquito de felicidad.






Hoy hemos vivido el primer día de cole (bueno, el primer madrugón, porque todavía no sé cómo le habrá ido a mi campeón) Y por la tarde toca ir a comprar el material. Ya sabemos, la rutina.





Bendita rutina. Empezaba a echarte de menos.



martes, 6 de septiembre de 2011

(Imagen tomada de internet)



Un buen libro se distingue cuando nos atrapa nada más empezarlo, nos cautiva mientras lo vamos descubriendo y no podemos desconectar de la historia una vez finalizado.



Eso me pasó con "Cada siete olas" y con su predecesor "Contra el viento del Norte". Aparte de la originalidad de la historia, me sentí presa por su protagonista femenina. Por su forma de escribir, de analizar las palabras, de buscarle los sentidos ocultos, de elaborar historias a partir de un simple matiz en una palabra. Era como verme reflejada en un espejo.



Es una condenación. No hay nada peor que buscar dobles sentidos, justificaciones y porqués a las cosas o al comportamiento de los demás.



Tras leerlo y rumiarlo durante 24 horas enteras (incluyendo sueños nocturnos) he llegado a la conclusión de que soy culpable:



Culpable por dejar entrar a personas en mi vida que yo no he buscado pero que la vida, por determinadas circunstancias, ha hecho que se cruzaran en mi camino y provocado situaciones que dejaran un pequeño resquicio por el que mirar en mi interior.



Culpable por haber sido demasiado blanda y ceder a sus intentos de conocerme. También es cierto que yo las he conocido a ellas, pero una vez iniciado el proceso y puesto en marcha la ilusión por mi parte, la intención solo se mantenía por un lado.



Culpable por dejarme llevar por los sentimientos y creer que entendía lo que esas personas sentían aunque sus palabras dijesen lo contrario.



Culpable por dejarme atar emocionalmente a esas relaciones y sufrir los efectos de la ausencia hasta el punto de que influían en mi estado de ánimo.



Culpable de seguir pendiente de ellas a pesar del distanciamiento.



Culpable de dedicarles tiempo y volver a ilusionarme al mínimo contacto ocasional con ellas.



Culpable por no haberles dicho todo esto directamente. Equivocada o no en mis percepciones, al menos ellas sabrían lo que siento y lo que me provoca su actitud.



Culpable de esperar reacciones y buscar excusas a sus distancias pensando que su comportamiento tiene una razón de ser.



Culpable por no expulsarlas directamente de mi vida. Esto me recuerda a las películas de vampiros: una vez que invitas a un vampiro a entrar en tu casa, no hay forma de que salga.



El libro que he acabado es totalmente emocional. Aprendes muchísimo del arte de la seducción con la palabra, de los deseos, de las prohibiciones, las reglas sociales, lo que se espera de tí por estar en una situación determinada, de renuncias pero sobre todo, de ilusiones.



De ilusionarte con un simple: "Buenos días, ¿cómo estás hoy?" o un breve "Gracias, me ha gustado". Sólo con un par de palabras no sólo te desean que tengas un buen día o agradecen un pequeño detalle que hayas tenido con alguien. El trasfondo dice que se han sentido bien, que les has venido a la mente, que les ha hecho feliz que les hayas dedicado unos minutos de tu tiempo, que les gusta formar parte de tu vida, que están orgullosos de formar parte de tu círculo de amigos, y por ende, que te consideran una buena persona.



Pero cuando la respuesta es sin palabras, cuando no hay respuesta a tus acciones... ¿qué puedes pensar? En ese mismo instante, nada positivo.


lunes, 5 de septiembre de 2011

FELIZ CUMPLEAÑOS!!!

Lo recordé ayer. Otra vez ha regresado el calendario a esta fecha tan especial. Y aunque hace mucho que no te veo, sigo escuchándote, porque no tiene que ver una cosa con la otra, a pesar de la distancia y el tiempo a menudo me cazo releyendo tus letras.


Formaste parte de un momento de mi vida que supongo fue importante, como todos y cada uno de los momentos que nos incitan al cambio y nos forjan como lo que somos ahora.



Me entristeció mucho tu desaparición, aunque una figura como tú es imposible del total olvido. Seguirás por ahí, en algún sitio, montando el espectáculo como tú sabías hacer.


Desde este menudo punto en ningún lugar, te expreso mis felicitaciones en este gran día.
Gracias por lo que me aportaste y por conseguir que se acelerara mi corazón cuando escuchaba tu voz.




sábado, 3 de septiembre de 2011

Bib-bip-bip.... batería agotada.

Su relación comienza cuando ella envía un correo a una dirección equivocada y él decide contestarlo. De la forma más común surge una conversación que se va animando a medida que se sucede la correspondencia. De la nada empiezan a conocerse y a entablar una relación que se va haciendo más adictiva. Nacen sentimientos, reproches, dudas, confesiones. Nos hacen cómplices de la relación sin buscar culpables. ¿Es posible enamorarse de alguien a través de las palabras? Sin duda, sí.






Estoy desatada. Acabo de levantarme del sofá, después de estar repatingada dos horas mientras devoraba ávidamente los correos que se enviaban Emmi y Leo en la historia más fresca, adictiva y romántica que he leído en mucho tiempo.



La empecé ayer al mediodía y desde entonces no he podido dejar el libro ni un solo instante. Hacía las tareas rápido, mecánicamente, mientras mi mente le seguía dando vueltas a lo leído e imaginaba lo que podría pasar a continuación.


Ainsss!!! Sí!! Yo soy así. Le doy muchas vueltas a las cosas. Me sentí muy identificada con la historia, con la protagonista, con su forma de escribir, de soltar a través de las teclas lo que pasa por su cabeza y luego enfadarse por lo que ha dicho, cuestionarse si ha hecho bien con demostrar lo que siente, engañarse a sí misma haciéndole creer a otro que todo va bien simplemente para así poder creérselo....


Y el caso es que el libro se ha acabado dejándome una angustia en el corazón latente, ahí, apretando y con unas ganas inmensas de leer el siguiente, porque claro, todo queda ahí en suspense obligándote a pensar:





¿Y ahora qué?




Lo malo de todo esto es que tengo un niño que atender y la tarde se ha puesto muy triste. Mis planes eran coger las bicicletas y mover un poco las piernas, el corazón, la mente... pero ha empezado a nublarse y se ha levantado viento.


Y la segunda razón es que la batería de mi libro electrónico (tengo que ponerle nombre porque a los buenos compañeros hay que llamarlos de alguna forma) me ha estado avisando cada cinco minutos en las últimas veinticinco páginas. Llegué a pensar que me dejaría colgada y que no podría leer el final. Pero se ha portado como un campeón. He podido leer la última frase y apagarlo. Ahora reposa ligero en su rincón sagrado mientras su corazón vuelve a cargarse. Tendré que esperar unas horas hasta que lo desprenda del cable y retomar así la segunda parte de la historia para descubrir que pasa con Emmi y Leo.




Estoy en un sinvivir.



Por lo demás... hoy es sábado. Esta mañana prometía. Se veía el azul del cielo entre nubes de algodón y hasta calentaba un poquito el Sr. Lorenzo.




Mi peque y yo nos permitimos la licencia de desayunar temprano y después, libros en mano, tumbarnos el uno al lado del otro compartiendo mi cama mientras el día iba "in crescendo".



Sienta fenomenal empezar el día poquito a poco.



Y ahora estamos ahí, en un "stand by". Buscaremos algo que hacer juntos. Tengo que ganarle al parchís. Llevamos varios días jugando (para poner en práctica su deportividad y su paciencia) y lo que empezó siendo una partida amistosa sin querer comerle fichas ni atosigarlo para que no abandonase, se ha convertido en la ley del más fuerte. ¿Porqué los padres cuidamos tanto de los sentimientos de nuestros hijos y en cambio ellos no tienen miramientos a la hora de enviarnos la ficha a casa a la menor ocasión?




En fin, que recomiendo el libro. No podía quedármelo para mí sola.









PD.: El segundo es éste (que espero empezarlo esta noche- Palabrita del Niño Jesús)









jueves, 1 de septiembre de 2011

(Imagen tomada de internet)


Hoy es como si empezase un año. Se cierra una etapa y empieza otra. Con el cambio de estación también sucede el cambio de actitud. Parece mentira cómo nos afecta el clima. Personalmente, el otoño me hace recapacitar, encarrilarme, buscar objetivos y centrarme en conseguirlos.

Suena a cosas dichas anteriormente. Puede ser. Tampoco es tan extraño ser repetitivo. La vida es un ciclo. Nosotros formamos parte de ella, por lo que no es tan raro volver una y otra vez al punto de partida. ¿La diferencia? El enfoque, las victorias, los fracasos y los kilómetros recorridos.

Volviendo la vista atrás me he sorprendido del tiempo que he estado fuera de mi rincón. Lo había dejado totalmente limpio, por eso de hacer borrón y cuenta nueva, y me lo he encontrado congelado, lleno de telarañas, frío...

Hoy simplemente vamos a abrir un poco las ventanas para dejar que la brisa de setiembre se lleve el aire viciado y renueve el aroma de la habitación. También tendré que pasarle un pañito para limpiar los cristales y así ayudarme a ver el futuro con claridad (están un poco empañados, es cierto, pero si la vida me ha enseñado algo es que las apariencias engañan y no siempre es todo tan malo como parece a primera vista)

Y si me quedan ganas, una buena fregona no le haría ningún mal al suelo. Un buen soporte reluciente no hará sinó que se aprecie mejor el mundo desde otro ángulo.

Cuando consiga todo esto tendrá mejor aspecto y entonces, sólo entonces, me animaré a traer pensamientos para enhebrarlos uno a uno y conseguir algo bello.

Ahí va... ventanas abiertas.... ¿Qué traerá hoy la brisa?