viernes, 30 de diciembre de 2011

Saliendo del túnel (o eso deseo para todos)

A un día para que finalice el año, solo queda hacer un resumen de lo más destacado del 2011.


-Un año más que he estado sin trabajo remunerado.... pero he aprovechado para hacer cursos, me he presentado a una oposición y me he anotado en un montón de sitios (por si acaso).



-He vuelto a conducir... después de 14 años de carnet sin llevar nada que tuviese ruedas (salvo mi moto y la bicicleta, con el correspondiente esfuerzo de todo mi cuerpo). Todavía me queda soltarme en medio de las jaurías automovilísticas, pero de momento, en el añito que llevo de conductora de automóvil, he ido ampliando poco a poco mi "radio de acción".



-Este año he recibido dos regalos (materiales) que me han hecho muchísima ilusión: en enero un coche para mi uso y disfrute (eso de no tener que pedírselo a nadie y todo lo que conlleva, es una maravilla) y en mayo, un e-book, que junto con el descubrimiento de una maravillosa página de internet, llena mis horas de ocio de aventuras, historias y demás....



-He viajado a Madrid para visitar a una gran amiga y su familia. Después de 5 años sin vernos, ha sabido a poco, pero ha ayudado a ponerle el broche de oro al 2011. Esperemos que en el 2012 tengamos al menos una oportunidad para encontrarnos de nuevo.



-He pasado por varios bajones (de moral, de autoestima, personal, en lo marital...) creo que he tocado todos los palos. Y aunque la noticia positiva es que los he remontado, no puedo dejar de pensar que, por mucho que me esfuerzo, no puedo evitar todas esas cosas que me afectan tanto. Estoy convencida que moriré así.



-Mi "niño" ha cumplido diez años y casi está tan alto como yo. (Para él es un orgullo. Para mí... la constatación de que crece a pasos agigantados y que yo me estoy haciendo mayor)



-He tenido que hacerme a la idea de que, a mi pesar, no voy a ser madre otra vez. No está el horno para bollos, la economía no ayuda, mi edad tampoco y la paciencia de mi marido... menos. Es de las decisiones más duras que he tomado este año. Todavía no me la creo de todo, pero ya es más realidad que otra cosa.



-Voy a ser tía de nuevo en el 2012. (Esto compensará y hará más difícil el punto anterior). Tendré la oportunidad de disfrutar de un bebé en sus momentos buenos y podré evitar los malos. (Habrá que verlo así-mente positiva)



-He bordado muchísimo. (Una pequeña muestra):
























-He tomado muchos cafés y charlado muchísimo con gente que forma parte de mi círculo especial. Y después de este año tan accidentado, ha escalado puestos en mi ranking personal.


Y muchas otras cosas que se me olvidan y otras tantas que quiero evitar recordar.



Tenemos ahí 366 días por delante para estrenar. Esperemos que la balanza se incline por el lado de las sonrisas y deje descansar al de las lágrimas, porque ya estamos cansados de llorar.



Cuidado con las uvas. Y el deseo... pronunciarlo con todas las fuerzas de vuestro corazón.


Nos vemos en el 2012.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Que estas fechas generen recuerdos dignos de mantener en nuestra memoria y que el nuevo año venga cargadito de oportunidades para mejorar, aprender, crecer y encontrar ese trabajo que nos ayude a llevar mejor el día a día.

Mis mejores deseos para tod@s los que me acompañáis en mi pequeño rincón.



¡¡¡ FELIZ NAVIDAD!!!

jueves, 15 de diciembre de 2011

Acortamos distancias... acercamos personas

(Imagen tomada de google imágenes)

Ya estoy de vuelta. Tanto esperar por el día y se ha esfumado en un par de parpadeos. Si vuelvo la vista atrás, incluso barajo la posibilidad de que todo haya sido un sueño.




Lío de maletas, qué llevar, dosificar, preparar los regalos para todos, no dejarnos nada atrás... emoción al meternos en el coche y empezar a andar el camino...




Han sido 50 horas extraordinarias.




La persona que bajó a Madrid no es la misma que ha subido a Galicia. Llevé la maleta llena de tristezas, desesperanza y preguntas y me la traje a rebosar de cariño, de ilusión y nuevos recuerdos.




El viaje fue bien, dentro del contexto, ya que viajamos de noche y la verdad es que hubo zonas en las que la niebla era densa y en otras, sobre todo en Ourense (para que no se nos enfade nadie) llegamos a tener -3 grados, con el consiguiente riesgo de hielo en la calzada.




Pero llegamos. Justo para el desayuno. Tempranito, cuando todavía el pueblo no se había despertado. Y a partir de ahí... el tiempo empezó a volar, a volar....




Me recibió un abrazo de ésos de contacto pleno, de no dejarte escapar, de bienvenida a casa, de cómo te he añorado, de descarga eléctrica sin toma a tierra. Un abrazo con todo el significado que puede tener el contacto entre dos personas que se quieren. Solo ese detalle hizo que mi batería se cargara a los topes. La sensación de estar en tu hogar, con tu gente, me invadió. Y nunca me sentí tan feliz de haber tomado la decisión de hacer el viaje. Tenía que estar allí. Lo necesitaba.




El resto fue rodado. Se despertaron los niños y el primer miedo a que se notaran muy cambiados o que se sintieran incómodos al tener que relacionarse, sí o sí, desapareció tras el primer minuto de estar juntos. En aquellos dos días que pasamos allí, no tuve hijo. Se pasaban el tiempo pegados, hablando, riendo. Me recordaba a las veces que yo había estado en aquella casa, siglos atrás, con los hijos de los dueños, y nuestras carcajadas y bromas inundaban la casa.




Tuvimos tiempo de calidad. Pudimos hablar, recordar, compartir anécdotas, mirarnos y ver fotos, muchísimas fotos... Paseamos, no hicimos nada, disfrutamos de cada minuto. No recuerdo la última vez que estuve dos días tan desconectada del mundo, sin prestar atención a la televisión, noticias e incluso internet.




Tuve la oportunidad de estar con una persona especial para mí a la que hacía 6 años que no veía. Por fin pudo encontrar un hueco en su apretada agenda para vernos y al final estuvimos juntos los dos días. Es increíble comprobar que a pesar de que la vida nos ha cambiado tanto y ahora las responsabilidades nos hacen ser diferentes a como nos conocimos, pudimos ver que estando juntos, volvíamos a descubrir que aquella parte de nosotros seguía ahí, debajo de las responsabilidades, las arrugas, las preocupaciones y obligaciones de la vida diaria.




Paseé por un pueblo muy cambiado e igual al mismo tiempo. Era una sensación extraña. Me crucé con muchísima gente para la que yo era una desconocida, una guiri, pero que para mí los desconocidos eran ellos, porque me sentía en mi pueblo. Yo había estado allí mucho antes que ellos, muchas veces. Je,je,je... eso te da un poder especial, estoy segura.




Descubrí el scrapbooking. ArTe, simplemente. El como una fotografía especial se convierte en algo inolvidable con su propia historia adornada con tu imaginación. Hay que tener un don.




Tras las fotos de rigor de grupo, con caras raras de los más pequeños y las poses de los adultos para intentar quedar decentes, todo se acabó.




Lo peor, lo más temido, la despedida. ¿Cómo despedirse de alguien que quieres tanto y que vive tan lejos? Porque son 630 km., y aunque parece solo una cantidad, detrás esconde los compromisos, el trabajo, el gasto que supone trasladarse, el colegio de los niños... y aunque ya hemos estrenado el esperado AVE en Galicia, de momento seguimos sin el servicio en Pontevedra (somos los renegados del Sur) que nos comunique con la meseta.




Nos prometimos no dejar pasar otros cinco años hasta el próximo encuentro. Y aunque sepamos que va a ser complicado, la promesa hecha con el corazón siempre se acaba cumpliendo.




El viaje de vuelta fue tranquilo. Disfruté del paisaje que en la ida estaba oculto tras la oscuridad y tuvimos momentos alucinantes de arco iris dobles que iluminaban los campos multicolores.




Había olvidado lo espectacular que es toda esa zona. Hecha de remiendos marrones, dorados, ocres... con tanto encanto. Y castillos aquí y allá, cuevas y rebaños enormes que dejaban a mi peque con la boca abierta.




La lluvia nos dio la bienvenida a casa. ¿Podía ser de otra forma? Y aunque venía encantada de lo que acababa de ver, mi vista se alegró al saltar de tonalidad en tonalidad de verde y dorado de mi tierra.




He estado todo este tiempo acomodándome a la rutina. Todo ha vuelto a su sitio y la tranquilidad ha vuelto a entrar en mi vida. Ya no siento agobio ni tristeza, pero a pesar de haberlo superado, soy consciente de que necesito el contacto con determinadas personas para cargar las pilas. Y aunque cumpla años y gane en experiencia, yo sola no soy nadie. Necesito gente a la que querer, a la que dedicarme, con la que ilusionarme. Y notar que soy correspondida. Con eso (con todo eso) puedo afrontar lo que sea.




Ahora estoy ocupada. Las navidades están a la vuelta de la esquina. Hemos aprovechado para realizar las compras pertinentes. Pero algunos regalos los estoy haciendo yo. Para ahorrarme unas pelillas, para hacer algo diferente, personalizado... y porque el bordar es mi toma a tierra. Por ahí suelto lo malo y entra la energía positiva.




Es por eso que tal vez esté un poco ausente hasta que lo acabe todo. Pero volveré. Porque me gusta estar por aquí, me hace bien y me ayuda a ver las cosas desde otro ángulo (además de conversar con gente que tengo olvidada, lo sé, Juan).




Estoy aquí. Feliz, consciente, viva.




Muchas gracias, cariño, por obrar el milagro de volver a creer.


Nunca tuve el corazón con más cabeza,
va silbando, va soñando, pero va,
con latidos de repuesto en la maleta
ni se rinde, ni se queda cerca,
de lo que más se parezca
va, va colgando a mi costao'.

Va tirando lo que duele y lo que pesa,
va sembrando lo que quiere y lo que da,
va pintado en una sola pieza,
dentro de un rompecabezas
va, va cosido en tela, viento en popa a toda vela
va, va colgado a mi costao'.

Este corazón me queda como un guante,
ni muy chico ni muy grande,
a medida, tengo un corazón 'de sastre'',
con la cordura sin cobertura
para de hoy en adelante, va, va.

Sin prisa, sin freno,
con parches pero entero,
colgando de un hilo
con remiendos pero vivo.




(Rosana Arbelo-Como un guante-¡Buenos días, mundo!)










viernes, 25 de noviembre de 2011

Aprender a quererse otra vez

Por fin se acaba. Es viernes. Atrás queda una semana larga, intensa, llena de reproches, acusaciones, dudas, desconfianza y dolor. Han sido días de meterse dentro de uno mismo, recapacitar, meditar mucho, valorar lo que se pierde, lo que se tiene, lo que se quiere conservar. Decidir si es solo una discusión, un bache, si tiene arreglo, si lo quiero arreglar, si mi actitud es la adecuada, si puedo permitir que me traten de esa forma, si merezco sentirme así como me siento.


Mi burbuja esta vez no ha resistido la embestida, porque esta vez no ha podido rebotarla a tiempo ni con la fuerza necesaria: ha venido desde dentro. Y casi explota. Ha estado a un "tris". Ya he llorado de impotencia, de rabia, de incomprensión.


También he hablado con mi amiga. Ha estado ahí en cada momento. Nos hemos desahogado, hemos vaciado el corazón. Nos hemos permitido echar pestes contra esa especie humana que nos ha tocado aguantar y que no podemos (ni queremos) vivir sin ellos: los hombres (nuestros hombres).


Y seguimos. Como después del temporal siempre llega la calma, ahora estamos empezando a ver de nuevo un poquito de azul al frente. Y no está mal, sobre todo después de tres días de borrasca cerrada.


Lo peor de estas situaciones es que me hacen sentir inútil, poca cosa. Me hunden en la duda y mi autoestima se esfuma ¡plof! dejándome hecha una mierda. Y cuando siento que no me quieren, que no me aprecian, yo tampoco lo hago. Y es una cadena.


Pero ayer en medio de la tormenta, me llegó un correo de una amiga a la que veo muy de tarde en tarde. No tenía ni idea de lo que estaba pasando, pero sus palabras me han hecho salir de mi agujero y plantearme que sí existo para los demás, he sentido su cariño y eso ha activado mi interruptor de "BASTA YA DE AUTOCOMPASIÓN".


Esta mañana al encender la radio, ha sonado Ella, y me ha hecho sonreir. Y el cielo está un poquito más azul que ayer. Y empieza el fin de semana. Todo empieza a canalizarse otra vez.

No paro de tararear su canción. Quiero creérmela.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Diálogo-colaboración.




Bridge from Ting on Vimeo.


Y que cada uno lo interprete como quiera.


miércoles, 16 de noviembre de 2011

De mi época de estudiante conservo datos y conocimientos que se me quedaron anclados en la memoria de una forma permanente. Da igual que no vaya a usarlos en la vida, o que sean simples curiosidades, el caso es que decidieron grabarse a fuego por el mero hecho de haberme llamado la atención por una razón determinada.


Así como otras cosas más útiles y necesarias que no salen ni a la de tres cuando las necesito, estas pequeñas "historietas" salen a la mínima de cambio, como si estuviesen en la línea de salida preparadas a escuchar el pistoletazo que las lance al exterior.


Siempre me ha gustado la asignatura de Historia y lo que antes llamábamos Naturales (que ahora ha pasado a ser todo uno con Conocimiento del medio. El funcionamiento del cuerpo humano, sus mecanismos de funcionamiento y reacción me han asombrado siempre tanto, que la mayoría de aquellas láminas que teníamos que estudiarnos permanecen todavía en mi retina.



Una de las partes que siempre me ha caído simpática es la del oído. Tan chiquitina, tan apelotonada, con sus formas tan características y nombres tan fáciles y simpáticos de recordar.... Y pensar que, además de servirnos de medio de comunicación con el exterior (juntos con el habla y la vista) también posee el sentido del equilibrio... es impresionante.


Yo debo tener algún problema en ese mecanismo, porque mi equilibrio no va todo lo bien que tendría que ir (y no me refiero solo al físico, que últimamente me está dando un par de sustillos). Estoy hablando del emocional. ¿Lo controlará también el mismo dispositivo? ¿Habrá algún botón o alguna tuerca en el que lo podamos ajustar según la necesidad del momento?


Suelo ser una persona activa y optimista, alegre, siempre animando a la gente. Pero algo debe pasar en mi vaso conductor de los líquidos internos del oído para que, en un segundo, todo se desequilibre y me encuentre en la cuerda floja, con la mirada nublada, el corazón oprimido, con ganas de tirar la toalla y sin nada en el horizonte que me anime a tirar hacia delante. Y una vez que toco fondo, siempre hay un reajuste que lo vuelve todo a su sitio otra vez y la mirada se vuelve limpia y casi rosa, el corazón bulle de ilusión y no me llegan las horas del día para hacer todo lo que mi cabeza me propone.


Menos mal que todo esto lo suelo solucionar yo sola, prefiero pasar el bache en soledad, vaciarme por dentro si es necesario, sin darle explicaciones a nadie de porqué me siento así, ya que ni yo misma puedo explicarlo. Simplemente surge, y me siento tan mal por no ser realista con mi situación, que me acabo machacando por quejarme sin razón.



Soy complicada. Demasiado emocional. Demasiada importancia con las cosas pequeñas. Mi vaso no es tamaño estándar, debe ser como una piscina olímpica donde me ahogo cuando el equilibrio me falla.


Menos mal que sé nadar (o al menos floto)




¿Y a qué viene todo esto? Pues a que he superado aquellas dos semanas de locura. He conseguido superar el examen al que me presenté (de 66 personas, aprobamos 20 y quedé entre las 10 primeras). Viendo los números podría decirse que no está mal, sobre todo después de la sorpresa que nos dieron con la prueba práctica, pero como en este mundo para trabajar no es suficiente con esos datos, sinó que tienes que ser la número 1... pues tendré que conformarme con estar en la lista de reserva.


A las listas de sustitución que quería anotarme ya está casi solucionado. Documentación entregada y sorpresa de última hora: por haber participado en oposiones a administraciones públicas, dan 1 punto (que en este caso es muchísimo para ascender en el ranking de los más vendidos) y gastando el último cartucho, me decidí a llamar al ayuntamiento al que fui la semana pasada al examen y tuve la infinita suerte (existe, de verdad) de hablar con una persona encantadora que me facilitó desde el primer momento el poder conseguir una certificación para presentar en mi ayuntamiento. (Para que luego digan que los funcionarios no se toman en serio su trabajo).



Este año fue el primero en el que mi peque salió en la noche de Halloween, o Samaín, o como quiera llamarlo cada uno. Decidió que le apetecía salir con sus amigos, disfrazarse y probar suerte pidiendo caramelos por las puertas. Y aunque todo fue muy precipitado y casi nos quedamos sin disfraz (cosas de hombres, dejarlo todo para última hora), de pasar un día de perros con el agua al cuello y sin trazas de parar... a última hora de la tarde alguien se apiadó de nosotros y decidió cerrar la llave de paso de las alturas y nos dio dos horas de margen para que los niños pudiesen salir a callejear un poco. Fue todo un éxito de participación y logro de botín. Todos los vecinos tenían algo para los niños, que llenaron sus bolsas enseguida. Era una aventura estar fuera de noche, tocando timbres y poniendo voces de ultratumba mientras los padres los seguíamos a una distancia respetable (ni muy cerca para que nos sintieran pequeños, ni demasiado lejos para no perderlos de vista).


De recuerdo, una foto terrorífica.


(A mi peque le encanta. A mí me sorprende ver cómo puede transformar la cara de esa forma. (Siendo tan mono (modestia de madre aparte) ¿cómo puede salir tan feo?)



El cumpleaños de mi hijo también fue un éxito: lo celebramos el mismo día de su nacimiento, (el 12), acudieron casi todos sus compañeros, no llovió, no hizo frío, todos participaron en los juegos y disfrutaron muchísimo. Hubo muchisimas fotos, risas, comida... y el chocolate con churros fue todo un acontecimiento.


Que no hay queja, diría yo para cerrar. Pero supongo que el bajón se debió a toda la tensión acumulada y al alivio de comprobar que fui capaz de llevarlo todo a término sin dejarme nada por el camino.


Ahora estoy "vacía" y buscando otro reto que completar o algo que me llene mientras sigo caminando.


Y mientras, sin desesperar, intento localizar la llave de paso de mi equilibrio para ajustarlo un poquito más.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Motivación

Ya estoy de vuelta. Diversos compromisos y aspiraciones me han tenido ocupada estas últimas semanas. Eso no ha evitado que me haya pasado por los rincones que habitualmente sigo, pero sí que pudiese disponer de unos minutos para dedicárselo al mío propio.



Suele pasar: ya lo dice el refrán "En casa de herrero, cuchillo de palo". Pero como no hay mal que cien años dure, poco a poco he ido liquidando los compromisos y a día de hoy, solo tengo pendiente uno, el del próximo sábado.



Cronológicamente hablando, empecé liándome la manta a la cabeza con un puesto de trabajo que ví publicado. Opción de un contrato de 12 meses, en la administración pública, con examen práctico y méritos para acceder a la plaza... parecían todo ventajas. ¿Inconvenientes? Que estaba a 60 km. de donde yo vivo, que el horario posiblemente sería de tarde, incluída la mañana del sábado, lo que supondría tener que echar mano de alguien para que me llevase al niño a las actividades semanales a las que está anotado... no sabía qué materia tenía que prepararme para el examen práctico... pero nada de eso bastó para frenarme en mis ansias de "probar a ver qué tal". Hablé con dos amigas y allá nos lanzamos las tres locas inconscientes cual "Thelma y Louis".



El lunes nos pegamos el madrugón. El examen era a las 8:30 de la mañana, pero para llegar tuvimos que salir una hora antes (con el consiguiente madrugón, el dejar al peque listo, anotarlo al comedor... en fin, lo que hacemos las madres para tener todos los cabos bien atados). Me había pasado las dos semanas anteriores desempolvando todos los manuales de Microsoft Office que tenía para repasar hasta los detalles más nimios y poder hacer un examen decente y que no me pillaran por sorpresa.



¡Ja, ja,ja....! Sigo siendo una inocente. La prueba consistió en redactar una carta a mano, traducirla al gallego y contestar un par de preguntas de lo más irreales.



¿Y para eso pierdo mi tiempo estudiando? Pues sí. Porque independientemente del resultado (que todavía no lo sabemos) al menos tengo la conciencia tranquila de haberlo intentado y haberme motivado para conseguir algo.



Hoy me he pasado la mañana de mostrador en mostrador, haciendo fotocopias, solicitando certificados... todo para poder anotarme en unas listas de sustitución que tal vez nunca lleguen a llamar a nadie pero... ¿y si sucede? ¿Y si.... y si?....



Dos semanas pendientes del satélite Meteosat, del Wind gurú, de Meteogalicia, de las supersticiones y tradiciones populares.... para organizarle el cumpleaños a mi peque (YA SON 10 AÑAZOS)... y poder hacerlo al aire libre y con todos sus amigos. Y que sea un día que todos puedan, que no haya actividades, que no llueva... y que encima coincida con su fecha real de cumpleaños y que sea en fin de semana, porque los abuelos quieren venir, y que su papá no trabaje, y que... y que....



La manta la tengo totalmente enrollada a la cabeza. Ya me da todo igual. ¿Que el examen no ha sido lo que esperaba? No pasa nada. ¿Que tal vez llueva el día de su cumple? Pues nos mojaremos, pero eso no impedirá que cumpla sus 10 años y que sus compañeros y todos los que lo quieren estén allí para compartirlo con él. ¿Que las listas a las que me apunto tal vez no lleguen a llamarme? Ya ha pasado otras veces.



Lo importante es que sigo teniendo lo que me importa a mi lado. Gente que se preocupa por mí, me quiere, me mima. Gente por la preocuparme, que me motiva, que me inspira, que me hace sonreir.



Hoy mi hombre cumple 40 años. Y como no podía ser de otra forma, ayer me tocó correr bajo la lluvia buscando ese regalo perfecto para que hoy el peque tuviera algo que darle a su papá. Y se lo dará por la noche, cuando llegue del trabajo.



Las pequeñas cosas son las que me mueven, me obligan, me ilusionan, me cargan las pilas, me emocionan, me hacen sonreír, llorar, carcajearme y disfrutar. A todo eso se le llama vida. Y espero que dure mucho tiempo más.



Para seguir hacia delante solo hay que buscar una buena motivación. Y la mayoría de las veces está donde menos lo esperamos.

lunes, 31 de octubre de 2011

Deja que la vida te despeine





¿Será esa la razón de que mi pelo esté indomable?

miércoles, 26 de octubre de 2011

Otra de lluvia, por favor

Hoy es uno de esos días típicos del invierno. Ñoño, gris, ventoso, desapacible y sin trazas de cambiar en lo que nos queda de día. Amaneció frío pero con una pequeña tregua para que las madres pudiéramos acercar a los niños al autobús (digo madres porque en mi zona somos mayoría). Parecía que se habían puesto de acuerdo, porque en cuanto los niños estaban entrando por el portal del cole ha cerrado la pausa y se ha puesto a llover.



Y el viento... no para. Sopla, empuja, desplaza... vamos, que sería la tarde ideal de tumbing, sino fuera porque hoy toca inglés y atletismo. Y por lo que han dicho los entendidos (que hoy, mira tú, casi estoy por creerme a pies juntillas su predicción, sin que sirva de precedente), tenemos alerta naranja hasta las seis de la tarde. (Que no sé porqué le llaman alerta naranja a lluvias fuertes y viento, porque yo relaciono el naranja con el calorcito y el verano... pero bueno, yo no soy entendida en estas cosas).



El caso es que hoy estoy paradilla. Tengo que estudiar (me pondré en cuanto acabe de vaciar un poquito mi cabeza, lo prometo), en mi casa hay silencio (hasta las gatas duermen) y todo está de lo más aburrido. Ni correos en mi bandeja, ni noticias interesantes, ni llamadas de gente... hoy parece que vivo en otra dimensión.



Acabo de ver "Tentación en Manhattan" y la verdad es que me reído un poco y me he sentido identificada con la historia: madre trabajadora que intenta conciliar la vida familiar y profesional con su marido y dos niños pequeños, haciéndose cargo de todo, no fallándole a nadie y procurando evitar el sentimiento de culpabilidad cuando las cosas no salen como ella quiere (a pesar de que lo tiene todo organizado y atado con sus innumerables listas)



No he contado nada interesante, pero me apetecía hacer algo sin transcendencia. Todavía sigo dándole vueltas a cómo me las voy a ingeniar para salir a recoger al niño a la hora de comer sin salir disparada como Mary Poppins agarrada a su paraguas. Pero todavía faltan tres horas para eso (tal vez se apiaden de mí ahí arriba y cierren la llave de paso 15 minutos).



(por favor, por favor, por favor....)


Y como de momento no se me ocurre nada más, casi que tendré que ponerme a estudiar ya que no me quedan excusas pendientes para aplazarlo más. (Cuántos más años va cumpliendo una más nos cuesta hincar los codos, madre mía)



Queríamos lluvia, y aunque la pedíamos moderada, sin frío y a poder ser de noche, de momento tendremos que aguantarnos porque el genio nos ha concedido solo el primer deseo, y lo ha hecho a conciencia, porque no llueve... diluvia....

lunes, 24 de octubre de 2011

¿Quién decía que no iba a llover?


...Porque como visionari@ no tiene nada que hacer...




Después de un larguísimo verano que nos ha dejado completamente secos y añorando con fuerza esa ansiada lluvia, por fin ayer hizo su aparición la Señora Borrasca.

Como todo buen invitado que se precie, al principio se comportó de forma tímida, tiñendo el horizonte de gris y refrescando el ambiente, provocando en los más madrugadores la sensación agradable de estirar un poco más la mañana del domingo en la cama entre las mantas todavía calentitas de la noche anterior.

Al ver que no le hacíamos mucho caso, decidió llamar, y ahí fue cuando los soplidos empezaron a notarse y el temblor de las persianas bailando a su son todavía incitaban más a acurrucarse en los brazos de Morfeo.

Nos tiramos como locos al fondo del armario, totalmente patas arriba ya que eso de cambiarlo con el paso de estación se ha quedado un poco obsoleto al estar usando las camisetas de tirantes hasta hace relativamente dos días.

A medida que avanzaba el día, nuestra invitada se confió y ya empezó a cantar. Cuatro gotitas primero (¡qué gusto da escuchar llover!), doce después, más gordezuelas (¡qué bien sienta estar en el sofá con la mantita!) y varios amagos de diluvio después (¡a este paso se llenan hoy todos los embalses!), el otoño se ha instalado definitivamente en Galicia.

La noche ha sido de puro invierno, creyendo que ya no iba a tener final la descarga de agua. Hasta nos hizo pensar, por un instante, la frase temida (¡Ya podía parar de una vez, coño!) pero es demasiado pronto para tirar la toalla.

Y es que las lluvias de fin de semana son maravillosas, románticas, purificadoras... pero cuando la misma lluvia amanece el lunes y hay que salir de casa (sí o sí), con el peque medio dormido, cazadora, mochila, viento y paraguas (incompatibles) y corriendo por los caminos esquivando los charcos de agua bendita... la vida se ve de otra forma.

Que conste que deseaba que llegara ya el otoño. Retomar mis jerseys y ropa calentita, ver llover (metidita en casa) y todo lo que implica.

Y que se llenen los embalses, que se apaguen los incendios, que se limpie la atmósfera, que nos relajemos un poco...

Que es oficial, señores, que ha llegado la Señora Borrasca pisando fuerte y todo parece indicar que va a quedarse al menos tres días más. Nos dará tiempo a practicar con los paraguas, calzarnos zapatos rígidos e impermeables y volver a usar los pañuelos desechables, que seguro que nos cae una gripe de ésas del copón, porque después de tanto veraniño el cuerpo no está para estos fríos.


... Y por ahí.... ¿ha llovido?


sábado, 15 de octubre de 2011

Mi mayor placer

PARA QUIEN NO LO SEPA TODAVÍA:

Hacerlo de pie fortalece la columna,
boca abajo estimula la circulación de la sangre,
boca arriba es más placentero,
hacerlo sólo es bonito, pero egoísta,
en grupo puede ser divertido,
en el baño es muy digestivo,
en el coche puede ser peligroso...


Hacerlo con frecuencia
desarrolla la imaginación,
entre dos enriquece el conocimiento,
de rodillas resulta doloroso...

En fin, sobre la mesa o sobre el escritorio,
antes de comer o de sobremesa,
sobre la cama o en la hamaca,


desnudos o vestidos,

sobre el césped o la alfombra,

con música o en silencio,

entre sábanas o en el baño:



Hacerlo, SIEMPRE es un acto de amor.


No importa la edad, ni la raza, ni el credo,ni el sexo, ni la posición económica.... .

... Leer siempre es un placer



(Ésta es otra de mis camisetas)








miércoles, 5 de octubre de 2011

Para ver con el corazón basta con cerrar los ojos

Esta noche estuve en Francia, en una gran plaza. Rodeada de gente, contemplando un gran espectáculo de fuegos artificiales. Creo recordar que era Navidad. Yo estaba cargada de bolsas llenas de modelitos alucinantes que previamente me había estado probando toda la tarde.


Tenía la mirada absorta en las alturas cuando algo me obligó a desplazarla hacia delante.


Me encontré con la suya. Negra, penetrante, enmarcada por un gorro de lana azul eléctrico.


Hipnotizados cruzamos la marea humana hasta encontrarnos frente a frente en uno de los arcos de la plaza. Nos lo contamos todo con la mirada. No éramos esposos, ni padres de nadie, ni hijos de... éramos dos almas solitarias que buscaban compañía.


Se inició el ritual de la conquista: miradas, gestos, alguna que otra sonrisa... La electricidad se palpaba en el ambiente y los besos no tardaron en llegar...


Sí... fue un sueño, pero maravilloso. Me hizo recordar la de cosas que nos perdemos cuando ya la rutina, las prisas y el día a día se acomodan en casa. Porque yo también recuerdo haber vivido todo eso al principio de la relación: el querer comerse al otro con la mirada, el buscar cualquier instante para simplemente besarse, el descubrir el cuerpo a base de caricias...

Ay.... que ya es de día, que ahora estoy sola... (habrá que esperar a que llegue la noche para tener compañia. Esperemos que el día no apague con sus imprevistos la ilusión de este sueño).


De momento, me quedo con su imagen en la retina. Era tal que así:
La diferencia es que no iba vestido de romano.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Hoy soy Otoño.

Me he despertado con sensación otoñal. Ha sido despacio, relajada, sonriendo. Tal vez mi expresión venía causada por haber soñado con él esta noche. Fue agradable volver a vernos aunque fuera en sueños. Pude percibir de nuevo su mirada y sentir su cariño. Mi "hermano pequeño". Durante un rato tuvimos nuestro momento en nuestro mundo. Allí nació mi sonrisa.

Tal vez fue el sonido de la lluvia golpeando la ventana. Tras una temporada de tanto calor, el fresquito y la intimidad del agua me hace sentir bien. O tal vez fue contemplar tu mirada curiosa observándome mientras me despertaba y tu voz preguntándome el porqué de mi sonrisa mañanera.

El caso es que hoy me siento bien. Nada me presiona. El tiempo va más despacio. Las sensaciones están a flor de piel pero no me hacen daño. He disfrutado muchísimo de la mañana. Llovía ligeramente, mojando pero sin empapar. Me gusta la sensación de mezclar ropa ligera con cazadora, pasear bajo la lluvia...

Hoy había quedado con mi amiga para tomarnos un café y charlar un poquito. Decidí desplazarme en moto. Es una gozada ir en moto y sortear los atascos, mojarte suavemente y escuchar el eco de tu voz dentro del casco. (Sí, voy cantando cuando conduzco. Lo bueno de ir en moto es que cuando los demás se dan cuenta del sonido ya estás lejos para que te conozcan, je,je,je...)

Nos fuimos de compras. Tenía un regalo pendiente de acabar. Buscaba una cajita a la cual pegarle un bordado que había hecho. Y encontré justo lo que estaba buscando. Mejor aún de lo que yo me había imaginado. Me encanta cuando las cosas salen de forma natural. No nos llevó mucho tiempo, eso fue lo mejor, porque así pudimos dedicarle más tiempo al café.

De regreso a casa iba ya pensando cómo acabar el regalo. Y no me pude aguantar, claro. La paciencia no es lo mío. Me puse manos a la obra nada más llegar.

Elegí un cd y mientras sonaba de fondo me puse a coser. Y lo mejor de todo es que a pesar de que las canciones que sonaban tenían mucha historia detrás, todas me hicieron sonreír.

Me siento otoño. Me siento serena, calmada, segura, aposentada. Me siento orgullosa de tener recuerdos y conservar el cariño por personas que han pasado por mi vida y me han aportado cosas. Es igual que ya no estén, que ya no sea lo mismo o que ya no nos hablemos. Las sensaciones perduran en brochazos burdeos, marrones, ocres, verdes... pintando cada rincón de mi memoria.

Estoy feliz pero contenida. Me gustaría guardar las coordenadas del día de hoy para recuperarlas cuando quisiera.

Tal vez el secreto esté en volver a soñar contigo. O simplemente sea la magia del otoño.


Por cierto... la cajita al final ha quedado así:



jueves, 22 de septiembre de 2011

Bicicleta, cuchara, manzana

Ayer fue el día mundial del Alzheimer, esa plaga que nos asola en forma de soledad y pérdida de recuerdos, que nos arrebata la vida sin ninguna piedad ni consideración por su parte. Hay muchas posibilidades de que la mayoría acabemos sufriéndola, si no es directamente, sí a través de un familiar. Y lo malo es que todavía no hay cura.



Por desgracia puedo dar mi opinión a través de una experiencia muy directa y dolorosa. Hace siete meses y medio que mi abuela materna nos dejó físicamente. Recalco esto último porque ella nos abandonó mucho antes. Y eso fue lo que peor llevaba.



Mi abuela siempre fue una persona muy alegre, inquieta y dicharachera. Era bajita, delgadita y muy nerviosa. Tuvo una vida muy dura. Se quedó viúda muy joven y aunque sus hijos ya estaban criados y la mayoría tenía sus familias formadas, eso no quita que le costara tirar para adelante sin su compañero de camino.



Durante mucho tiempo vio el mundo a través de sus cataratas. Recuerdo que los cristales de sus gafas eran tan gruesos que sus ojillos parecían dos puntitos negros. Cuando por fin se decidió a acudir al médico y la operaron con éxito, un nuevo paisaje se abrió ante sus ojos.



Era la típica persona independiente. Una vez que acababa sus tareas, se lanzaba a la carretera a caminar. No se cansaba nunca. Una vez se le metió entre ceja y ceja que quería ver a su hija y se puso a caminar sin parar hasta llegar a nuestra casa, situada a 4 km. de la suya.



De una manera especial estábamos unidas. De hecho nos separaba solo un día en la fecha del cumpleaños, el 27 y 28 de febrero.



No sabemos exactamente cuando empezó todo. Creo que el desencadenante fue la muerte de su hermano, que desde que se había quedado viuda, vivía con ella para hacerle compañía. A partir de ahí, todo fue cuesta abajo.



Empezó ignorando lo que había pasado. No hablaba de su muerte. Para ella no había sucedido. Luego empezó a confudir los nombres y a tener despistes, a perderse cuando se iba a la iglesia...



Luego ya todo parecía una bola de nieve cuesta abajo: no nos conocía, o nos confundía con otras personas (a las nietas con sus hijas, por ejemplo), pero seguía conservando su buen humor. Seguía metiéndose con nosotros como lo había hecho siempre y gastaba bromas a menudo. Había días buenos en medio de la niebla. Entonces volvía a recordar y mantenía conversaciones coherentes. Pero los malos eran horribles.



Y de pronto un día dejó de hablar. Sólo movía la cabeza para asentir o negar. Cuando venía a comer a casa de mis padres yo siempre me sentaba a su lado, y aunque no me conocía, al menos el nombre, cuando le cogía de la mano y le miraba a los ojos notaba que ahí se producía una conexión. Le encantaba que le dieran mimos.



Pero todo se acelera. Se negaba a comer. No quería moverse. La mirada empezó a perder su luz y estaba perdida Dios sabe dónde. A partir de ese momento para mí se había muerto. No estaba. Sólo veía el envoltorio. Ella se había ido. Era muy doloroso contemplarla. ¿Dónde estaba aquella mujer que daba tanto juego?



El día de su muerte me alegré. Puede sonar mal dicho así, pero sentía que por fin estaría bien, ella y toda su familia. En el entierro nos juntamos todos y el pensamiento que me asaltó justo antes de despedirla fue:


-Caramba abuela, menos mal que eras pequeñita y poca cosa. Mira todo lo que has creado a tu alrededor. Nueve familias con sus hijos y algunos nietos la estábamos despidiendo.



Ayer tuve la oportunidad de ver el documental que da nombre a la entrada de hoy. Excuso decir que lloré a mares porque estaba viendo todo lo que habíamos vivido (y eso que solo muestran las partes "amables" de la enfermedad). Espero que pronto haya una solución para este mal, porque lo peor que le puede pasar a una persona es no saber quien es, lo que ha vivido ni reconocer a la gente que quiere.



Los recuerdos somos nosotros. Si nos los arrebatan no nos queda nada. Es el único consuelo que nos queda cuando ya no nos queda nada.



Allá donde estés, abuela, espero que sigas sonriendo.



miércoles, 21 de septiembre de 2011

Retorno al feudalismo

Podría estar durmiendo a pata suelta, aprovechando que hoy no tiene que madrugar el peque. Pero no, claro, ¿cómo va a ser eso? Mi "patata" se encarga de darle vueltas a las cosas, de retorcerlas... como si eso fuese a solucionar algo. Y mientras no dejo de dar vueltas en la cama.


Al final he decidido levantarme y soltar todo eso aquí, verterlo en forma de masa deforme e intentar modelarla para que dejarla presentable. Pero no, claro, antes tengo que ocuparme de la pobre gatita que hoy se ha levantado vomitando y no para de correr por casa.


Estamos de huelga. Hoy hay "jornada de brazos caídos". Siempre hemos pasado por esos días. Cuando estaba en el instituto hubo una temporada que no salíamos de las huelgas. Y nosotros encantados, claro. Gente de 15 años recién aterrizada en un lugar lleno de "mayores", más libertad, un mundo nuevo... les dejan tiempo libre para reunirse y jugar a las cartas (aquellas partidas eran multitudinarias) y encima tenías que ir al centro porque la huelga era de los profesores.



Más tarde nos pilló lo de la invasión de Irak. Ahí nos lanzamos todos a la calle a cortar el tráfico. Era emocionante. Y perdíamos clases. En ese momento no pensábamos si teníamos razón o no, si estábamos perdiendo tiempo valioso, si luego se echarían los exámenes encima y tendríamos que hincar más los codos para estudiar... vivíamos el momento. Nos apuntábamos a lo que fuera.


Pero ahora nos estamos jugando el no volver a la Edad Media. Si nos dejamos pisotear, los derechos de nuestros niños dejarán de existir. No tendrán oportunidad de ser lo que ellos quieran porque si suprimen la educación pública, muchas familias no se podrán permitir pagarle los estudios al "cerebrito" de la familia. Tendrá que conformarse con lo más barato que se imparta cerca de su pueblo o directamente de cabeza a trabajar (eso con suerte de que haya algo). Empezaremos a crear una generación de personas insatisfechas, enfadadas y esclavas del sueldo simplemente para poder subsistir. ¿En qué se convertirá nuestra sociedad?


Ya cursando una carrera que realmente nos llene no evitaremos tener días malos en el trabajo, cuanto más si no hay motivación ni siquiera para levantarse cada mañana.


Hace poco presumíamos que ahora muchísima gente accedía a estudios universitarios. Tener a alguien en la familia estudiando en la universidad te llenaba de orgullo (aunque no todos sabían aprovechar la oportunidad, claro). ¿Y ahora? Empieza a sobrevolarnos el pájaro del miedo cuando se oyen rumores de que sería mejor valorar los ciclos y grados que no siendo obligatorios son gratuítos y que deberían no serlo.... ¿Están tirando un globo sonda para ver si nos enteramos o directamente ya nos están avisando?


Si unimos todo esto al nivel con el que nuestros niños están saliendo de la ESO... no es para tirar cohetes.


Acabaremos retornando a la Edad Media. El hijo del zapatero aunque es buenísimo tallando madera, tendrá que seguir claveteando zapatos. Y seguirán ascendiendo los mismos, los que sus papás tienen dinero para cubrirle todos los gustos y vicios, aunque para ellos el estudiar no signifique nada más que relacionarse con gente de su status.


Si tendré que creerme que los artículos de la Constitución, los que forman el capítulo de derechos y deberes de los ciudadanos, están ahí simplemente para que los tengamos que estudiar y chapar cuando nos presentamos a oposiciones, ya que visto lo visto, lo único que se está haciendo en centrarse en las obligaciones.


Estoy muy cabreada. No se puede jugar así con el futuro de nuestros hijos. La educación y la sanidad son los pilares de la sociedad. Y se la están cargando. Acabaremos enfermos y sin trabajo. ¡Vaya esperanza de futuro!




Apoyo a los docentes. Apoyo la educación pública. Apoyo el futuro profesional de mi hijo y sus compañeros.



Y después de soltar todo esto... sigo sin poder dormir.





lunes, 19 de septiembre de 2011

Desde que me enteré de la noticia, la mala noticia, estuve dándole vueltas a mi cabeza para encontrar palabras, las mejores, las adecuadas, que te hicieran llegar mi dolor por tu pérdida y hacerte saber que te acompañaba de nuevo, que mis lágrimas querían aliviar parte de tu dolor y que mi corazón estaba latiendo al compás del tuyo.


Intentaba ponerme en tu lugar, imaginar el sentimiento que te embargaba para así comprenderte e intentar ayudarte a pasar este momento, pero era tan desmesurado el dolor que sentía con solo cerrar los ojos, tan profundo el vacío que tenía en mi interior, que creía imposible ni siquiera imaginar lo que tú estabas pasando.


Porque… ¿qué se le dice a una madre que ha perdido a su bebé? ¿Cómo se consuela a una mujer que no ha podido conservar la vida que guardaba en su vientre? ¿Qué palabras son las adecuadas para una amiga que ha vuelto a vivir la pérdida de su mayor tesoro?




No las conozco. Simplemente intenté esbozar un par de frases sinceras y allá se fueron hasta ti cruzando el ciberespacio. Pero los besos no saben igual.


Es por eso que cuando hoy nos cruzamos, sin esperarlo, el corazón se me paró en el pecho y las palabras se negaron a salir. Me miraste con esos ojos dulces que tienes y esa sonrisa que intentaste sacar y ya no pude resistirme. Tal vez mi abrazo te pilló por sorpresa, allí en pleno parque infantil, pero era el único lenguaje que podía compartir contigo sin echarme a llorar.


Un par de frases simples: (-Hola cielo, ¿cómo estás? -Cuánto tiempo, me alegro verte.) encerraban un millón de palabras que no hizo falta pronunciar. No necesitamos decir nada más.


Y cuando el no saber qué hacer intentaba colarse entre las dos, quiso la fortuna que nos interrumpieran evitando que dijéramos algo que nos hiciera desfallecer.


Simplemente quedamos para otro día, en otro lugar más apropiado donde poder hablar, como quien no quiere la cosa. Pero la conexión se activó entre las dos.





Los amigos son ángeles que te levantan cuando tus alas han olvidado volar.
Ten por seguro que ahí estaré mientras las tuyas no vuelvan a remontar.




jueves, 15 de septiembre de 2011

Sembrando estrellas

No pares de sembrar estrellas, aunque a simple vista no se vean.


"Vivimos en un mundo en el que nos
escondemos para hacer el amor...
pero la violencia se practica a plena luz del día"

John Lennon

lunes, 12 de septiembre de 2011

Inicio

Ha pasado el fin de semana y no se ha hecho notar. Y me alegra comprobarlo. Después de pasar unos días de tensión y preocupación, por fin las aguas vuelven a su cauce. Es por eso que nunca un fin de semana tan tranquilo me ha parecido tan especial.





El viernes por la mañana lo dedicamos a llenar la nevera, acción imprescindible para mantener la salud física y mental de los habitantes de mi hogar, pero que no me gusta nada hacer, y no sólo por lo que supone un asalto a la economía familiar, sinó porque el planear las comidas de toda la semana y adelantarse a los deseos de dos personas... es complicado.





Por la tarde nos fuimos mi peque y yo a dar una visita a mi abuela. Hacía dos semanas que la habían ingresado en el hospital para una operación de urgencia y desde entonces no había podido verla. Me encantó verla allí, con su carita totalmente descansada, relajada, con su mantita y rodeada de cariño, hablando de lo bien que la habían cuidado, lo bien que había comido... es un cielo de persona, siempre ahí, tranquila, sin querer dar trabajo, como queriendo pasar desapercibida.





El sábado por la tarde tocó parque. Mi peque volvió a reencontrarse con algunos compañeros del cole y las mamás aprovechamos para "arreglar un poco el mundo" entre todas. Compartimos miedos y también nos animamos mutuamente. Incluso se comentó la posibilidad de montar un negocio... si cuando nos ponemos....



El domingo comida familiar, conversación distendida, intercambio de opiniones y luego sofá y peli. Mientras mis hombres se entretenían cada uno con sus aficiones, a mí me dejaron solita viendo "Un paseo por las nubes" mientras acababa mi última obra:


La foto es malísima, pero se distingue lo que es, o lo que pretende ser, porque todavía le falta poner el marco para que se convierta en un cuadro para la habitación de un bebé que nacerá el mes que viene.



Durante este verano he bordado mucho. Como soy incapaz de estar con las manos quietas, me he dedicado a bordar. De ahí han salido camisetas, marcapáginas, cojines, una bolsa para pañales e incluso una funda para mi e-book. (Me he vuelto loca para colocar las fotos ordenadas y atractivas a la vista, casi he tardado más en subirlas y desplazarlas que en bordar las camisetas, por lo que me niego a subir más. He puesto las que más me gustan)




















Una compañera me ha dicho que por qué no me dedico a ésto, pero no es tan sencillo. Todo lo que he bordado hasta ahora ha sido para regalar (menos unas camisetas que me regalado a mí misma y una para mi peque), pero nunca me ha surgido la oportunidad de bordar cobrando. Aunque se aceptan propuestas, por supuesto.



Ahora mismo voy a empezar una bolsa ecológica para una amiga que está de cumple en octubre y que creo que le gustará mucho ya que he elegido cuidadosamente el dibujo para ella. Tiene un significado especial, por lo que sé que ya tengo algo ganado.



Y entre bordado y bordado, o estiramiento de brazos y espalda... pues leo... o veo películas... o mimo a los míos... todo lo necesario para vivir con un poquito de felicidad.






Hoy hemos vivido el primer día de cole (bueno, el primer madrugón, porque todavía no sé cómo le habrá ido a mi campeón) Y por la tarde toca ir a comprar el material. Ya sabemos, la rutina.





Bendita rutina. Empezaba a echarte de menos.



martes, 6 de septiembre de 2011

(Imagen tomada de internet)



Un buen libro se distingue cuando nos atrapa nada más empezarlo, nos cautiva mientras lo vamos descubriendo y no podemos desconectar de la historia una vez finalizado.



Eso me pasó con "Cada siete olas" y con su predecesor "Contra el viento del Norte". Aparte de la originalidad de la historia, me sentí presa por su protagonista femenina. Por su forma de escribir, de analizar las palabras, de buscarle los sentidos ocultos, de elaborar historias a partir de un simple matiz en una palabra. Era como verme reflejada en un espejo.



Es una condenación. No hay nada peor que buscar dobles sentidos, justificaciones y porqués a las cosas o al comportamiento de los demás.



Tras leerlo y rumiarlo durante 24 horas enteras (incluyendo sueños nocturnos) he llegado a la conclusión de que soy culpable:



Culpable por dejar entrar a personas en mi vida que yo no he buscado pero que la vida, por determinadas circunstancias, ha hecho que se cruzaran en mi camino y provocado situaciones que dejaran un pequeño resquicio por el que mirar en mi interior.



Culpable por haber sido demasiado blanda y ceder a sus intentos de conocerme. También es cierto que yo las he conocido a ellas, pero una vez iniciado el proceso y puesto en marcha la ilusión por mi parte, la intención solo se mantenía por un lado.



Culpable por dejarme llevar por los sentimientos y creer que entendía lo que esas personas sentían aunque sus palabras dijesen lo contrario.



Culpable por dejarme atar emocionalmente a esas relaciones y sufrir los efectos de la ausencia hasta el punto de que influían en mi estado de ánimo.



Culpable de seguir pendiente de ellas a pesar del distanciamiento.



Culpable de dedicarles tiempo y volver a ilusionarme al mínimo contacto ocasional con ellas.



Culpable por no haberles dicho todo esto directamente. Equivocada o no en mis percepciones, al menos ellas sabrían lo que siento y lo que me provoca su actitud.



Culpable de esperar reacciones y buscar excusas a sus distancias pensando que su comportamiento tiene una razón de ser.



Culpable por no expulsarlas directamente de mi vida. Esto me recuerda a las películas de vampiros: una vez que invitas a un vampiro a entrar en tu casa, no hay forma de que salga.



El libro que he acabado es totalmente emocional. Aprendes muchísimo del arte de la seducción con la palabra, de los deseos, de las prohibiciones, las reglas sociales, lo que se espera de tí por estar en una situación determinada, de renuncias pero sobre todo, de ilusiones.



De ilusionarte con un simple: "Buenos días, ¿cómo estás hoy?" o un breve "Gracias, me ha gustado". Sólo con un par de palabras no sólo te desean que tengas un buen día o agradecen un pequeño detalle que hayas tenido con alguien. El trasfondo dice que se han sentido bien, que les has venido a la mente, que les ha hecho feliz que les hayas dedicado unos minutos de tu tiempo, que les gusta formar parte de tu vida, que están orgullosos de formar parte de tu círculo de amigos, y por ende, que te consideran una buena persona.



Pero cuando la respuesta es sin palabras, cuando no hay respuesta a tus acciones... ¿qué puedes pensar? En ese mismo instante, nada positivo.


lunes, 5 de septiembre de 2011

FELIZ CUMPLEAÑOS!!!

Lo recordé ayer. Otra vez ha regresado el calendario a esta fecha tan especial. Y aunque hace mucho que no te veo, sigo escuchándote, porque no tiene que ver una cosa con la otra, a pesar de la distancia y el tiempo a menudo me cazo releyendo tus letras.


Formaste parte de un momento de mi vida que supongo fue importante, como todos y cada uno de los momentos que nos incitan al cambio y nos forjan como lo que somos ahora.



Me entristeció mucho tu desaparición, aunque una figura como tú es imposible del total olvido. Seguirás por ahí, en algún sitio, montando el espectáculo como tú sabías hacer.


Desde este menudo punto en ningún lugar, te expreso mis felicitaciones en este gran día.
Gracias por lo que me aportaste y por conseguir que se acelerara mi corazón cuando escuchaba tu voz.




sábado, 3 de septiembre de 2011

Bib-bip-bip.... batería agotada.

Su relación comienza cuando ella envía un correo a una dirección equivocada y él decide contestarlo. De la forma más común surge una conversación que se va animando a medida que se sucede la correspondencia. De la nada empiezan a conocerse y a entablar una relación que se va haciendo más adictiva. Nacen sentimientos, reproches, dudas, confesiones. Nos hacen cómplices de la relación sin buscar culpables. ¿Es posible enamorarse de alguien a través de las palabras? Sin duda, sí.






Estoy desatada. Acabo de levantarme del sofá, después de estar repatingada dos horas mientras devoraba ávidamente los correos que se enviaban Emmi y Leo en la historia más fresca, adictiva y romántica que he leído en mucho tiempo.



La empecé ayer al mediodía y desde entonces no he podido dejar el libro ni un solo instante. Hacía las tareas rápido, mecánicamente, mientras mi mente le seguía dando vueltas a lo leído e imaginaba lo que podría pasar a continuación.


Ainsss!!! Sí!! Yo soy así. Le doy muchas vueltas a las cosas. Me sentí muy identificada con la historia, con la protagonista, con su forma de escribir, de soltar a través de las teclas lo que pasa por su cabeza y luego enfadarse por lo que ha dicho, cuestionarse si ha hecho bien con demostrar lo que siente, engañarse a sí misma haciéndole creer a otro que todo va bien simplemente para así poder creérselo....


Y el caso es que el libro se ha acabado dejándome una angustia en el corazón latente, ahí, apretando y con unas ganas inmensas de leer el siguiente, porque claro, todo queda ahí en suspense obligándote a pensar:





¿Y ahora qué?




Lo malo de todo esto es que tengo un niño que atender y la tarde se ha puesto muy triste. Mis planes eran coger las bicicletas y mover un poco las piernas, el corazón, la mente... pero ha empezado a nublarse y se ha levantado viento.


Y la segunda razón es que la batería de mi libro electrónico (tengo que ponerle nombre porque a los buenos compañeros hay que llamarlos de alguna forma) me ha estado avisando cada cinco minutos en las últimas veinticinco páginas. Llegué a pensar que me dejaría colgada y que no podría leer el final. Pero se ha portado como un campeón. He podido leer la última frase y apagarlo. Ahora reposa ligero en su rincón sagrado mientras su corazón vuelve a cargarse. Tendré que esperar unas horas hasta que lo desprenda del cable y retomar así la segunda parte de la historia para descubrir que pasa con Emmi y Leo.




Estoy en un sinvivir.



Por lo demás... hoy es sábado. Esta mañana prometía. Se veía el azul del cielo entre nubes de algodón y hasta calentaba un poquito el Sr. Lorenzo.




Mi peque y yo nos permitimos la licencia de desayunar temprano y después, libros en mano, tumbarnos el uno al lado del otro compartiendo mi cama mientras el día iba "in crescendo".



Sienta fenomenal empezar el día poquito a poco.



Y ahora estamos ahí, en un "stand by". Buscaremos algo que hacer juntos. Tengo que ganarle al parchís. Llevamos varios días jugando (para poner en práctica su deportividad y su paciencia) y lo que empezó siendo una partida amistosa sin querer comerle fichas ni atosigarlo para que no abandonase, se ha convertido en la ley del más fuerte. ¿Porqué los padres cuidamos tanto de los sentimientos de nuestros hijos y en cambio ellos no tienen miramientos a la hora de enviarnos la ficha a casa a la menor ocasión?




En fin, que recomiendo el libro. No podía quedármelo para mí sola.









PD.: El segundo es éste (que espero empezarlo esta noche- Palabrita del Niño Jesús)









jueves, 1 de septiembre de 2011

(Imagen tomada de internet)


Hoy es como si empezase un año. Se cierra una etapa y empieza otra. Con el cambio de estación también sucede el cambio de actitud. Parece mentira cómo nos afecta el clima. Personalmente, el otoño me hace recapacitar, encarrilarme, buscar objetivos y centrarme en conseguirlos.

Suena a cosas dichas anteriormente. Puede ser. Tampoco es tan extraño ser repetitivo. La vida es un ciclo. Nosotros formamos parte de ella, por lo que no es tan raro volver una y otra vez al punto de partida. ¿La diferencia? El enfoque, las victorias, los fracasos y los kilómetros recorridos.

Volviendo la vista atrás me he sorprendido del tiempo que he estado fuera de mi rincón. Lo había dejado totalmente limpio, por eso de hacer borrón y cuenta nueva, y me lo he encontrado congelado, lleno de telarañas, frío...

Hoy simplemente vamos a abrir un poco las ventanas para dejar que la brisa de setiembre se lleve el aire viciado y renueve el aroma de la habitación. También tendré que pasarle un pañito para limpiar los cristales y así ayudarme a ver el futuro con claridad (están un poco empañados, es cierto, pero si la vida me ha enseñado algo es que las apariencias engañan y no siempre es todo tan malo como parece a primera vista)

Y si me quedan ganas, una buena fregona no le haría ningún mal al suelo. Un buen soporte reluciente no hará sinó que se aprecie mejor el mundo desde otro ángulo.

Cuando consiga todo esto tendrá mejor aspecto y entonces, sólo entonces, me animaré a traer pensamientos para enhebrarlos uno a uno y conseguir algo bello.

Ahí va... ventanas abiertas.... ¿Qué traerá hoy la brisa?