jueves 22 de septiembre de 2011

Bicicleta, cuchara, manzana

Ayer fue el día mundial del Alzheimer, esa plaga que nos asola en forma de soledad y pérdida de recuerdos, que nos arrebata la vida sin ninguna piedad ni consideración por su parte. Hay muchas posibilidades de que la mayoría acabemos sufriéndola, si no es directamente, sí a través de un familiar. Y lo malo es que todavía no hay cura.



Por desgracia puedo dar mi opinión a través de una experiencia muy directa y dolorosa. Hace siete meses y medio que mi abuela materna nos dejó físicamente. Recalco esto último porque ella nos abandonó mucho antes. Y eso fue lo que peor llevaba.



Mi abuela siempre fue una persona muy alegre, inquieta y dicharachera. Era bajita, delgadita y muy nerviosa. Tuvo una vida muy dura. Se quedó viúda muy joven y aunque sus hijos ya estaban criados y la mayoría tenía sus familias formadas, eso no quita que le costara tirar para adelante sin su compañero de camino.



Durante mucho tiempo vio el mundo a través de sus cataratas. Recuerdo que los cristales de sus gafas eran tan gruesos que sus ojillos parecían dos puntitos negros. Cuando por fin se decidió a acudir al médico y la operaron con éxito, un nuevo paisaje se abrió ante sus ojos.



Era la típica persona independiente. Una vez que acababa sus tareas, se lanzaba a la carretera a caminar. No se cansaba nunca. Una vez se le metió entre ceja y ceja que quería ver a su hija y se puso a caminar sin parar hasta llegar a nuestra casa, situada a 4 km. de la suya.



De una manera especial estábamos unidas. De hecho nos separaba solo un día en la fecha del cumpleaños, el 27 y 28 de febrero.



No sabemos exactamente cuando empezó todo. Creo que el desencadenante fue la muerte de su hermano, que desde que se había quedado viuda, vivía con ella para hacerle compañía. A partir de ahí, todo fue cuesta abajo.



Empezó ignorando lo que había pasado. No hablaba de su muerte. Para ella no había sucedido. Luego empezó a confudir los nombres y a tener despistes, a perderse cuando se iba a la iglesia...



Luego ya todo parecía una bola de nieve cuesta abajo: no nos conocía, o nos confundía con otras personas (a las nietas con sus hijas, por ejemplo), pero seguía conservando su buen humor. Seguía metiéndose con nosotros como lo había hecho siempre y gastaba bromas a menudo. Había días buenos en medio de la niebla. Entonces volvía a recordar y mantenía conversaciones coherentes. Pero los malos eran horribles.



Y de pronto un día dejó de hablar. Sólo movía la cabeza para asentir o negar. Cuando venía a comer a casa de mis padres yo siempre me sentaba a su lado, y aunque no me conocía, al menos el nombre, cuando le cogía de la mano y le miraba a los ojos notaba que ahí se producía una conexión. Le encantaba que le dieran mimos.



Pero todo se acelera. Se negaba a comer. No quería moverse. La mirada empezó a perder su luz y estaba perdida Dios sabe dónde. A partir de ese momento para mí se había muerto. No estaba. Sólo veía el envoltorio. Ella se había ido. Era muy doloroso contemplarla. ¿Dónde estaba aquella mujer que daba tanto juego?



El día de su muerte me alegré. Puede sonar mal dicho así, pero sentía que por fin estaría bien, ella y toda su familia. En el entierro nos juntamos todos y el pensamiento que me asaltó justo antes de despedirla fue:


-Caramba abuela, menos mal que eras pequeñita y poca cosa. Mira todo lo que has creado a tu alrededor. Nueve familias con sus hijos y algunos nietos la estábamos despidiendo.



Ayer tuve la oportunidad de ver el documental que da nombre a la entrada de hoy. Excuso decir que lloré a mares porque estaba viendo todo lo que habíamos vivido (y eso que solo muestran las partes "amables" de la enfermedad). Espero que pronto haya una solución para este mal, porque lo peor que le puede pasar a una persona es no saber quien es, lo que ha vivido ni reconocer a la gente que quiere.



Los recuerdos somos nosotros. Si nos los arrebatan no nos queda nada. Es el único consuelo que nos queda cuando ya no nos queda nada.



Allá donde estés, abuela, espero que sigas sonriendo.



8 comentarios:

Ayla dijo...

Pinchando en el título, se puede ver on line el documental.

Yopopolin dijo...

Mi abuelillo también padeció esta enferemedad. Es muy triste y cruel, pero con los avances queán haciendo en células madre, y la cantidad de datos que se están recopilando sobre las causas de la enferemedad, estoy seguro que muy pronto se podrá tratar y diagnosticar a tiempo. :)

Y sí, Ayla, aquí estoy de nuevo con más ganas que nunca, encantado de leerte, como siempre! ;)

Juan dijo...

Yo siempre que escucho esta enfermedad me viene a la memoria el diario de noa y me hace pensar en lo duro que tiene que ser el que un dia te reconozca y al momento no sepa quien eres, la paciencia y el amor que hay que tener es lo que hay que hacer y esperar a que como todas las enfermedades puedan solucionarlo. Un besazo.

Ayla dijo...

El diario de Noah. Lo leí hace muchísimo tiempo y por primera vez tomé conciencia de lo que significaba la enfermedad. Es cierto que años más tarde la vida convirtió esa historia en una realidad al atrapar a mi abuela, pero como bien dices, Juan, es imposible no hablar del Alzheimer sin recordar esa maravillosa historia de amor:

LA HISTORIA DE NUESTRO AMOR by Alisson Hamilton
A mi amor Noah.
Léeme esto y volveré contigo.

Daría cualquier cosa por volver a esos momentos, todo a cambio de un segundo juntos, porque cuando todo empieza a ir mal lo único que deseo es volver a tu lado y abrazarte fuerte...
Quiero volver a esos días donde sólo hacía falta una mirada para hacernos sonreír, donde el tiempo pasaba sin que nos diéramos cuenta y todo lo demás no importaba, sólo nosotros. Y quiero hacer de estos días junto a ti momentos que no pueda olvidar jamás...
Tienes esa magia en la mirada que me hace no poder mirar a nadie más, esa magia en los labios que me hace extrañarlos cuando no los puedo besar, esa magia en las manos que al recorrer mi cuerpo y me hacen volar... Y es que no hay nada más mágico que un segundo a tu lado, porque MAGIA eres tú...

En tiempos de desdicha y sufrimiento, te abrazaré, te acunaré y haré de tu dolor el mío. Cuando tú lloras, yo lloro, cuando tú sufres, yo sufro. Juntos intentaremos contener el torrente de lágrimas y desesperación, y superar los misteriosos baches de la vida.

Ayla dijo...

Yopo:
La experiencia es la mejor enseñanza. No hay nada que pueda decir que tú no sepas. Esperemos que la ciencia avance lo necesario para que las futuras generaciones no sufran el olvido.
Gracias por volver.
:D

Mª José dijo...

Una entrada preciosa, pese al dolor, de esas que te erizan la piel y te nublan los ojillos.
Como bien dices todos sabemos de alguien...
Quiza yo este especialmente sensible y esperanzada en que la medicina avance, por sufrir una enfermedad de las denominadas raras... es decir sin tratamiento y con poca investigación.
Te dejo mis besos de colores rellenos de comprensión

Tam dijo...

Cuanta ternura hay en éste escrito. Mi abuela paterna también murió de ésta enfermedad, y siempre me queda la pena de que no me relacioné con ella por movidas entre los mayores.. justo lo que yo no deseaba que pasara para mis hijos y por desgracia, pasa.

Tienes mucha sensibilidad

besos

Ayla dijo...

Tam:
Hay tantas cosas que de niños pensamos "cuando sea mayor esto no lo haré..." y luego la vida se encarga de llevarnos la contraria... Lo importante es que pongas todo de tu parte para que las cosas salgan lo mejor posible y que los tuyos te recuerden con cariño.
Un besiño.